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13.sept.2020

Dialogar con diferencias

Hablar con la derecha se antoja improbable en tiempos de redes sociales. Sin embargo, a unos meses de iniciar otro proceso electoral, escuchar a Teresa García de Madero es importante para entender las fracturas del sistema político local.

POR Luis Mendoza Ovando / Lectura de 18 min.

Hablar con la derecha se antoja improbable en tiempos de redes sociales. Sin embargo, a unos meses de iniciar otro proceso electoral, escuchar a Teresa García de Madero es importante para entender las fracturas del sistema político local.

Lectura de 18 min.

Teresa García de Madero se alista para que platiquemos en Zoom. Toda su apariencia es impecable: blusa perfectamente planchada, peinado sin un solo cabello fuera de lugar, joyería discreta pero presente y uñas perfectamente arregladas.

Hace 30 años la voz de Tere García era de esas que se deben oír sí o sí. Y aunque hoy los liderazgos en Acción Nacional —partido en el que siempre ha militado— y en Nuevo León son otros, después de hablar con ella me doy cuenta que se quedan cortos frente a esa generación que alcanzó, con todos sus asegunes, un lugar importante en la historia: por un lado, se ganaron con el voto el derecho a la transición democrática; por otro, modernizaron (para bien o para mal) la infraestructura de las ciudades más importantes del país, en particular la del municipio de San Pedro Garza García.

Conversar con Tere García es importante para entender las fracturas del sistema político local, utilizar su testimonio sólo como una suerte de enciclopedia es no hacerle justicia. Quizá lo más interesante de escuchar la argumentación de una experimentada política panista de 74 años es ejercer esa cosa tan rara hoy en día: dialogar con alguien que piensa distinto, diferir, estar de acuerdo en no estar de acuerdo.

“Tenemos muchos jóvenes que no saben lo que costó llegar a una democracia eficaz y a tener un IFE (hoy INE) e instituciones confiables para llevar a cabo las elecciones sin la participación del gobierno. Entonces debieran de mantenerse así esas instituciones, sin tener un corazón partidista”, dice Tere al preguntarle qué nos falta para tener una mejor democracia.

En primera instancia, su respuesta pudiera recordar a esa tendencia que tienen ciertas personas a juvenear a sus interlocutores, pero en el caso de Tere García, su trayectoria respalda cada uno de sus dichos y no por los puestos de poder ocupados, sino por la violencia política y fraudes electorales sufridos.

En 1988, García de Madero se convirtió en la primera candidata mujer a la alcaldía de Monterrey en la historia de Nuevo León. La asamblea estatal del PAN la eligió después de tres intentos de votación sin consenso, y las razones van más allá del lugar común, casi siempre ilusorio, atribuible a la intensa vida democrática al interior de ese partido.

Federico Arreola, quien era columnista de El Norte en 1988, escribió:

«(...) esta dama no es precisamente una panista ortodoxa: Tere se distingue por su independencia de criterio, porque no sigue ciegamente las líneas que trazan los jerarcas azules, porque (¡horror de horrores!) es amiga de Javier Livas y de otros críticos de Acción Nacional y, particularmente, porque va a luchar con todo en la elección municipal, la que no va a transar pabloemiliescamente con el gobierno».

Teresa venía de ser diputada local y una de las principales impulsoras de la Ley Electoral Estatal (junto a Luis Santos de la Garza, Eduardo Arias Aparicio y Miguel Gómez Guerrero). Aunque dicha Ley no alcanzaría a promulgarse, abrió el camino para que, a partir de una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), años después sirviera para tener una nueva ley electoral en el país. Curiosamente, uno de los responsables de ponerle freno a esa iniciativa fue Natividad González Parás, presidente estatal del PRI en aquel entonces y quien llegaría a ser Gobernador de Nuevo León entre 2003 y 2009.

En aquella elección de 1988, por la alcaldía de Monterrey compitieron, básicamente, Tere Madero (PAN) y Sócrates Rizzo (PRI) —el priista después se convertiría en Gobernador de Nuevo en 1991. González Parás, además, volvería a atravesarse en el camino de Tere García, pues fungió como presidente de la Comisión Estatal Electoral (CEE) de 1988 a 1991.

“Fue una campaña hermosísima que me hizo perder siete kilos de más, yo nunca en mi vida había estado en 45 kilos, ¡jamás!, mi peso normal eran 52 kilos. Era una cosa espantosa, pero al mismo tiempo muy feliz porque conocí todo Monterrey. En lo personal creo que me fue muy bien en el sentido de que tuve muy buena aceptación de la gente. Yo me sentía protegida por la misma gente con la que yo hice campaña y con la que me veía y me entrevistaba durante la campaña”.

Tere no exagera. La posibilidad de tener por primera vez una alcaldesa en Monterrey era, en ese entonces, una sensación latente, por decir lo menos: El Norte publicó el 5 de septiembre de 1988 una nota titulada “VIDENTE PRONOSTICA TRIUNFO A TERE GARCÍA DE MADERO”, que refería a una mujer en la colonia Independencia que alegaba ser vidente y que, con sólo verla, estaba segura de que Tere ganaría la elección.

“Estar cerca de la gente te llena de energía. Hay una transmisión en el contacto, al poder abrazarlos. Recuerdo que me tocaban mucho la cara porque no creían que estuviera ahí, era como si fuera un Santo. Al final me infecté de la cara, pero pues se quitó. Yo la verdad no tenía ningún pendiente, quería esa energía, aunque la cara se me llenara de ronchas. A mí me gusta y eso es lo que me está costando mucho trabajo con esta pandemia. Me gusta que me apapachen y apapachar. Va conmigo y es mi carácter”, recuerda entre risas.

Tere Madero acaba con las risas de golpe y su voz empieza adquirir un semblante más serio, que en su caso se nota en cómo va diciendo las palabras con mayor velocidad y con un tono más grave: “En ese campaña no teníamos nada”. Cuenta que ella escribía sus discursos, ayudaba a planear las brigadas y hasta limpiaba la casa de campaña.

“Cuando tú tienes asesores que te dicen todo, cómo actuar, cómo vestirte y cómo todo, pues se te va quitando algo de lo que naturalmente eres, de lo que tú quieres hacer y de lo que eres ahora. Se pierde la autenticidad de la persona”.

Sus palabras retumban y se contraponen al estilo vigente de hacer política: Samuel García, Claudia Caballero, Luis Susarrey, Patricio Zambrano, Francisco Cienfuegos, el mismo Miguel Treviño y tantos más políticos de nuestro estado pueden perfectamente sentirse aludidos por las palabras de Tere. Es más, no sólo pueden... están siendo aludidos. La obsesión por la popularidad y la viralidad es, por lo menos para quienes escuchan a esos asesores de imagen y comunicación política, justificación suficiente para tener “cercanía con la gente”. Esta obsesión se llega a traducir en atracos como el gasto irresponsable de dinero público en redes sociales del Congreso de Nuevo León.

Durante la campaña de 1988, Tere García de Madero tuvo que enfrentar pedradas simbólicas y también reales. Durante el mes de octubre de ese año dos veces la comitiva de Tere Madero, ella incluida, fue apedreada por simpatizantes de Sócrates Rizzo como parte de las medidas de persuasión del PRI.

“Esas eran agresiones”, dice Tere, “no era la falta de respeto que molesta”. Acto seguido recuerda un conflicto que tuvo como diputada con un diputado del PRI, que discutiendo en el pleno la discriminó por ser mujer.

Pese a sus años de trayectoria política —además de hacer carrera en un partido que destaca por sus posturas machistas—, Tere señala que no se sintió discriminada, salvo en aquella ocasión cuando fue diputada en 1985.

¿Crees que tu carrera política hubiera sido más fácil si hubieras sido hombre?, le pregunto de manera incisiva.

Tere hace una pausa para pensar y después responde.

— “No y te voy a decir por qué no. En ese momento, cuando yo entré en política, hacían falta mujeres. Mucho de mi éxito fue ser mujer, era algo distinto, habían unas cuantas mujeres participando nada más. El gran cambio fue que una mujer antes de los 40 años estuviera en política y que hubiera cursado una carrera universitaria. Yo sí sentía mucho que la gente se admiraba de que, siendo mujer y siendo muy joven, estuviera tan inmersa y tan comprometida”.

Sin embargo, la cobertura mediática que ha recibido tiene episodios que serían un escándalo de hacerse hoy en día —o al menos eso espero, no vaya a ser que algún medio de comunicación lo tome como reto.

El 28 de agosto de 1988, El Norte decidió publicar una entrevista a Tere cabeceada como “Tere García de Madero le da sabor al hogar”. En el perfil destacan su talento como cocinera y como madre, pero no tanto como política. La apuntan como una madre amorosa, pero no como una legisladora tenaz.

«Tere García de Madero, la primera mujer candidata a la alcaldía de Monterrey, combina a la perfección su trabajo en el Congreso de la Unión con el placer de estar al lado de los suyos. La agresividad que siente al defender sus ideas políticas, la convierte en ternura al cruzar el umbral de su hogar. Tere, candidata del PAN, es una mujer que no posee una gran educación [este “no posee” aparece en la versión pública del artículo, pero una parte de mí ruega que haya sido un typo y no una posición verdadera] y la demuestra en todos los detalles de su persona, empezando por su amena charla. Desde la entrada de su casa se percibe también su cálido carácter, pues cada uno de los objetos de la decoración fueron elección de ella, dando como resultado un hogar acogedor y familiar».

Casi 10 años después, los cambios en El Norte no serían suficientes para desterrar ese tipo de coberturas misóginas. El 25 de mayo de 1997, el periódico publicó en la sección de Vida un especial sobre mujeres en la política. En la portada aparecen las fotografías y testimonios María Elena Chapa, Cristina Díaz, Liliana Flores y Judith Grace González bajo el encabezado “Cuando el matrimonio se divorcia de la política”.

En las páginas interiores, como para “equilibrar” la cobertura, aparecen los testimonios de prominentes políticas que están casadas. Ahí aparece Tere García y El Norte decide destacar en su testimonio la declaración “Me casé con un gran hombre”.

Si estas mujeres eran felices o infelices en su matrimonio o fuera de él, es un asunto muy de ellas. Lo que resulta aberrante es que este tipo de coberturas, tan alejadas del deber ser del periodismo, nunca ocurrían en el caso de los hombres. ¿Qué raro, no?

Al final, las pedradas orquestadas fueron más fuertes que la voluntad popular. La CEE de Natividad le dio la victoria a Sócrates Rizzo de forma muy cuestionable; a la fecha, ella alega que tiene sus actas y que ganó por 1,080 votos.

El Norte publicó el 10 de noviembre que el PRI había obtenido más de 90 mil votos mientras que el PAN sólo había conseguido 43 mil. En esa misma portada se destaca que Tere García de Madero solicitaba la anulación de la elección y aparece en una fotografía la otra Tere García del PAN, la que compitió en Santa Catarina, tratando de frenar a sus simpatizantes que buscaban, muy molestos, tomar el Palacio Municipal para protestar por el fraude.

“El deber de un político es ser honesto y reconocer lo que es”, dice y se yergue frente a la cámara. “Yo no voy a protestar un fraude que no me consta y si nos consta debemos pelearlo con las armas correctas en la mano. En el caso de la alcaldía de Monterrey no era a palos, era jurídicamente y lo probamos jurídicamente y estas gentes decidieron violentar las leyes desde el principio y eso es responsabilidad de ellas, pero tampoco le puedo permitir a mi gente que salga a agredir porque les agredieron o ni voy a permitir que las metan al bote porque ellos están defendiendo algo por la vía pacífica”, explica al respecto.

En cuanto menciona estas palabras no se aguanta las ganas de trasladar su reflexión al presente.

“Un político que se precie de serlo tiene que actuar primero que nada conforme a la Constitución y las leyes y eso es lo que le exigimos a AMLO [por quien no manifiesta ninguna simpatía] y lo que le debemos exigir a todos. A mí me enfada y me molesta muchísimo el que sigamos pasando memes y comentarios y estupideces. Eso de nada sirve y sólo le estamos haciendo el juego al señor. Tenemos que seguir insistiendo por la legalidad y ahí es donde las asociaciones civiles pueden ayudar mucho”.

Aprovecho ahora el asunto de los memes para preguntarle por FRENA, el movimiento antiAMLO.

“Gilberto Lozano es rabioso y eso él se ha dado cuenta que le perjudica, pero también le ha traído muchos seguidores. Yo espero que opte por actuar de una manera más limpia, más política, mejor, sin groserías. Se tiene que respetar, hasta cierto punto, la investidura presidencial porque si nosotros mismos dejamos de respetarla vamos a acabar en una selva sin ley. No le hagamos al otro lo que no queramos que nos hagan”.

No puedo más que estar incómodamente de acuerdo con Tere. Durante la hora y media de conversación, este tipo de respuestas me obligan a estar parcialmente de acuerdo con una política que se ubica ideológicamente lejos de lo que aquí publicamos. Sabemos que dialogar y ceder es importante para vivir en sociedad, pero, ¿podemos reconocer que es un proceso incómodo? Es raro, hasta irracional, pero ocurre con frecuencia en redes sociales: la comezón que causa darle parte de razón a personas que, en temas trascendentales y definitorios, se ubican del otro lado del espectro ideológico.

De regreso a lo local, después de perder la alcaldía de Monterrey en 1988, Tere tuvo ofrecimientos de unirse al gobierno de Mauricio Fernández, también panista, quien ganó la alcaldía de San Pedro Garza García por primera vez ese año.

“Es muy, muy inteligente Mauricio Fernández. Es brillante. Pueden catalogarse algunas de sus iniciativas como grandilocuentes, como imposibles de lograr, pero para cuando él se propone algo, lo saca adelante. Él fue el que tuvo la iniciativa de hacer los pasos del paseo de los duendes y resultó exitoso y yo timoratamente no me hubiera animado a hacer una obra de esas. Hay gente privilegiada en su visión política. Así es él y le favoreció al municipio", responde como evadiendo la pregunta. Insisto aún más.

Sí Mauricio es tan bueno, entonces, ¿por qué no trabajaste con él?

Tere pega una carcajada y me mira con la complicidad de quien se sabe descubierta.

— “Nos íbamos a pelear, lo conozco. Desde chiquito lo conozco, vivían al otro lado de casa de mis abuelitos, eran del 127 de calle México. Yo lo quiero mucho, nos respetamos mucho y él sabía que yo me iba a hacer cargo completo de todo ahí y yo sabía que no iba a funcionar la relación. A mí me gusta terminar lo que empiezo y por eso decidí no participar”.

Irónicamente, a Tere le tocaría ser alcaldesa seis años: tres de forma oficial y tres en términos prácticos, o por lo menos así lo dejan ver las notas de El Norte. Aunque Fernando Margáin ostentaba el título de presidente municipal de San Pedro de 1994 a 1997, el protagonismo de Tere García como Secretaria del Ayuntamiento era palpable. La cobertura de prensa daba a entender que era ella la que llevaba las riendas del municipio.

No me aguanto las ganas de preguntarle si considera que fue seis años alcaldesa y Tere únicamente sonríe.

“Mira, él siempre me dijo: ‘haz de cuenta que tú eres el alcalde y yo voy a hacer el trabajo bonito, el de político’. Fui dura y directa y agarré todas las broncas, pero me hice responsable de todo. Yo pensaba que con Margáin sí podía trabajar si él me dejaba, pero también si algo no estaba como yo quería o me dejaba alguna desavenencia interna, yo estaba lista para hacer efectiva una carta de renuncia anticipada que tenía”, suspira y después continúa.

“Pero sí, efectivamente estuve seis años en la alcaldía”, dice como buscando una síntesis a su respuesta. “Margáin decía eso: ‘cualquier cosa, pregúntenle a Tere’”.

La campaña por la alcaldía de San Pedro en 1997 fue prácticamente un trámite para Tere y los éxitos de su gestión tuvieron que ver con terminar proyectos que iniciaron en el primer periodo de Mauricio Fernández, casi diez años antes. Uno de los más emblemáticos es el Rufino Tamayo y el boom en la zona de Valle Oriente.

“El parque Rufino Tamayo fue el detonador de que Valle Oriente siguiera creciendo y para mí Valle Oriente es el área de San Pedro que fue realmente planeada con precisión: desde el principio se detallaron sus usos de suelo, sus densidades, el ancho de las calles”, la declaración es reveladora de una vanguardia que se mostró muy pronto insuficiente. Si hoy volteamos a ver Valle Oriente, ¿podemos decir que refleja una ciudad bien planeada? Yo pensaría que no y que en su momento obedeció a apuntalar un estilo de vida que en el presente resulta insostenible.

En todo caso, hablar de un error de visión a toro pasado es un tanto estéril. Lo que rescato de este fraseo es que la pelea no es de carros contra peatones o parques contra privadas, sino del futuro contra el pasado. La generación de Tere que gobernó San Pedro en los 90s construyó una ciudad pensando en el futuro, hoy muchas de las personas que apoyaron ese proyecto renovador se oponen a que la ciudad siga evolucionando y pueda adaptarse a un mundo que ya no es el de hace 30 años. Lo que vincula a la generación de Tere con la mía es el cambio y, sin embargo, hoy muchos miembros de su generación parecen negarlo. Parece que el cambio sólo es atractivo cuando es como uno quiere. Habrá que recordar esto cuando seamos nosotros quienes estemos en su lugar.

A propósito de la resistencia al cambio, le pregunto a Tere por qué piensa que ya no es posible dialogar en este contexto de polarización.

“Hay que entender que para un diálogo las dos partes tienen que hablar y las dos tienen que poner de su parte y ceder algo. De modo que los dos queden satisfechos con lo que alcanzaron”, responde.

“El problema es que los políticos ya ni siquiera guardan su palabra”.

Dialogar con diferencias

Escrito Por

Luis Mendoza Ovando

Fecha

13.sept.20

Categoría

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