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12.may.2020

Un político, una crisis y una historia por contar

El coronavirus como enemigo a vencer se ha tornado en un nuevo vehículo narrativo, uno que le permite a figuras públicas —como el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro— seguir articulando su verdadera lucha: la de sostenerse en el poder.

POR Paloma Robles / Lectura de 24 min.

El coronavirus como enemigo a vencer se ha tornado en un nuevo vehículo narrativo, uno que le permite a figuras públicas —como el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro— seguir articulando su verdadera lucha: la de sostenerse en el poder.

Lectura de 24 min.

En toda historia de héroes se necesitan algunos elementos para convertirla en un verdadero clásico: un personaje, una promesa, una aventura, un enemigo a vencer; castigos para unos, regalos para otros y, al final, una moraleja. Y aunque la lucha contra el coronavirus esté en pleno apogeo, la historia que hoy nos quiere contar el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, se parece más a un cómic de luchadores de coliseo: técnicos contra rudos, buenos contra malos.

Para este ensayo periodístico realicé un análisis de la estrategia de Comunicación que ha seguido la cuenta deTwitter del gobernador (@EnriqueAlfaroR), en la que se refleja el funcionamiento, casi milimétrico, de la maquinaria de empresas de comunicación que apoyan al gobernador en su cruzada contra covid-19.

La ruta es la siguiente: los funcionarios, incluido Alfaro, realizan juntas de trabajo o —en algunos casos— ruedas de prensa a las que ya no asisten periodistas; sus preguntas son enviadas por WhatsAppy en pocas ocasiones los funcionarios responden en forma. De esa reunión se hace un registro visual en general y luego se elaboran piezas editadas, a modo de notas periodísticas de no más de 4 minutos, en las que se enfatizan los mensajes que ellos eligen. El encuadre de las piezas queda libre de críticas.

Si es necesario reforzar las medidas planteadas, el gobernador es quien toma la palabra o en su caso se elaboran videos en donde sale a cuadro, hablando a la cámara y dando indicaciones de carácter importante. Del 13 de marzo al 4 de mayo se han realizado un total de 39 videos con ese estilo.

El ejercicio de gobierno sobre el covid-19 ha quedado delineado en 250 publicaciones vía Twitter, a partir de un relato ganador: la del héroe fuerte, luchando contra los embates que siempre vienen de fuera, “corrigiendo la plana” de sus adversarios, presumiendo en tercera persona que “somos muchos más” los que están a su favor; anunciando la aplicación de presupuesto público para ciertas áreas, bajo la muletilla de “entrarle duro” a los temas de interés, por hacer alusión de algunas de las frases favoritas de Alfaro.

Pero el relato de buenos y malos tiene su antecedente el día 6 de diciembre de 2018, cuando Enrique Alfaro tomó posesión como gobernador de Jalisco. Desde ese día inició lo que él ha llamado “la refundación de Jalisco” —cualquier semejanza con el presidente Andrés Manuel López Obrador, es coincidencia. En la narrativa de Alfaro, su llegada al gobierno de Jalisco marca un antes y un después y con ella inauguró como forma de gobierno, uno de los elementos narrativos universales: el de la fundación de una patria.

El retrato más fiel al argumento de la refundación es el poema de La Eneida, de Virgilio. Eneas, el protagonista de la historia y sobreviviente de la guerra de Troya, intenta llegar a la tierra prometida en donde fundará un nuevo imperio: el romano. En el camino, se enfrenta valientemente a los embates de guerra y amor propios de su destino. En La Eneida, la promesa de hacerse de una patria es una tarea que va más allá del individuo y se consagra en la comunidad que sigue al líder en toda su aventura, no sin antes demostrar falta de fe a la promesa y al líder mismo. Eneas constantemente tiene que pelear con los suyos y convencerlos de seguir en el camino.

La historia de Eneas es la de cualquier líder político que busca ampliar los marcos de su discurso acudiendoa la tradición, haciendo del ejercicio de gobierno y de su palabra una fase más de un proyecto histórico más amplio, logrando así una legitimidad inapelable —tal como lo expone Gerardo Aboy Carlés, politólogo argentino, en “Las dos fronteras de la democracia argentina: la reformulación de las identidades políticas de Alfonsín a Menem” (2001).

Y es que el discurso político ha vuelto a la palestra de la esfera pública como un elemento configurador del campo de las decisiones políticas. Pareciera que el Coronavirus fácilmente ha desmantelado por lo menos un siglo de teoría política; tiempo en el que se ha venido achicando el rol del Estado-Nación en las relaciones humanas, dejándolo como un actor más en un contexto definido más bien por el Mercado. La pandemia ha restablecido al discurso político como una herramienta de poder fáctico, una que primero enuncia y luego acomoda a las instituciones al discurso, ajustándose a lo que ha planteado el teórico italiano Roberto Espósito, que afirma que la amenaza por el SARS-CoV-2 ha generado un doble proceso: “la medicalización de la política y politización de la medicina”.

En ese esquema, vemos figuras como Enrique Alfaro que intentan mostrar un dominio total de la crisis a través del discurso político, versado en sus redes sociales y apuntalado por una maquinaría propagandística, aceitada en los últimos 10 años a costa de contratos a empresas de comunicación privilegiadas que desde lo privado han venido definiendo el rumbo de lo público.

Este esquema le ha permitido hoy al gobernador volver a la arena política como mejor sabe hacerlo: como opositor.

Hasta hace unas semanas, Enrique Alfaro no era un gobernador popular. Con apenas 15 meses de gobierno, su gestión se había desmoronado en la opinión pública. Una encuesta del grupo Mitofsky publicada en marzo daba cuenta de que el 71 por ciento de los jaliscienses reprobaba la gestión del Alfaro, colocándolo entre los 10 gobernadores de México peor evaluados.

Días después de la calificación, el 13 de marzo el gobernador Alfaro lanzó su primer tweet sobre la crisis de salubridad y dos días después canceló las clases a través de un video trasmitido vía Twitter que fue visualizado por más de 94 mil personas. Luego, el 20 de marzo, Jalisco fue el primer estado que lanzó la suspensión de actividades por 5 días. El video obtuvo 2.1 millones de visualizaciones y convirtió la batalla contra el virus en una carrera contra el gobierno federal, una carrera por ir adelante en las medidas de contención por la pandemia y sus efectos económicos.

El heroísmo pandémico de Alfaro se alejó de la patria prometida de la Eneida y siguió más bien un guión de película del Santo, en donde siempre hay un monstruo por enfrentar y el enmascarado pone el cuerpo para protegernos del mal.

Me pregunto, ¿cuándo fue el éxodo? ¿Cuándo se llevaron a cabo las luchas emancipatorias del pueblo jalisciense que permitieron que ese día de diciembre de 2018 un nuevo capítulo se inaugurara en la historia de Jalisco? Lo pregunto porque la tierra prometida como narrativa requiere de una lucha colectiva y hasta hoy la lucha de Enrique Alfaro ha sido individual y sólo es compartida con un grupo de amigos, como en las películas del Santo.

Su clan de “socios”, como los llama Alfaro, lo integran su jefe de gabinete, Hugo Luna; el alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro y el senador de Jalisco por Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda. Todos contemporáneos suyos, todos ávidos de poder, todos técnicos luchando contra los rudos.

La sociedad de amigos se acompaña de tres empresas de comunicación que dan forma a sus anhelos políticos: Euzen Consultores, La Covacha Gabinete de Comunicación e Indatcom. De acuerdo a una revisión de transparencia de los cheques emitidos a esas empresas, en el año 2019 recibieron pagos por 9.2, 28.6 y 13.2 millones de pesos, respectivamente, sumando un total de más de 51 millones de pesos para labores de difusión de las acciones del gobierno de Alfaro, sin licitación expresa.

Euzen elabora las estrategias y narrativas de comunicación que son ejecutadas, la mayoría de las veces, en videos producidos por la empresa La Covacha y difundidas en redes sociales y pautadas con presupuesto público por el tercer consorcio, Indatcom. Un negocio redondo que ostenta Rafael Valenzuela, otro de los aliados de Alfaro. En plena pandemia, Euzen, La Covacha e Indatcom han recibido el pago de hasta 2.4 millones de pesos, al corte de marzo, para la difusión de las medidas de seguridad por covid-19, según informó el diario NTR.

Los socios que han acompañado a Enrique Alfaro durante su trayectoria política (como diputado local 2007-2009; como alcalde de Tlajomulco 2010-2011; como candidato a gobernador y luego líder del partido Movimiento Ciudadano en Jalisco 2012-2013; como alcalde de Guadalajara 2015-2017 y ahora Gobernador de Jalisco desde 2018), son los autores de esta historia que intentan afianzarla a modo de relato entre justos y pecadores. Su cuidada narrativa es una trama de grupo que les permite tomar relevos australianos, como en la lucha libre, para asumir distintos cargos públicos en distintos tiempos.

En la revisión de la cuenta de Twitter del gobernador, se observa cómo La Covacha y otras productoras aliadas han elaborado en su cruzada contra el coronavirus unos 20 spots publicitarios que refuerzan la idea del orgullo jalisciense para combatir la crisis: como el último que protagoniza la Banda Cuisillos sobre el Covid-19, que tiene más de 32 mil visualizaciones; o el que recopila mensajes de apoyo de futbolistas y ex-futbolistas del Club Chivas, con más de 27 mil vistas. Además, en las redes sociales del gobernador se han publicado un total de 38 videos de ruedas de prensa y otras acciones de su gabinete, más otros 120 tweets con fotografías.

Son pocas las publicaciones exclusivamente escritas, casi todas llevan imágenes en donde se busca reforzar la idea de esfuerzo y orden. El único mensaje en texto (una captura de una nota de Facebook) fue publicado el 23 de abril, a las 6:40 de la tarde. El contenido fue polémico. En un nuevo guiño a la facción más conservadora de sus seguidores, el gobernador declaró lo siguiente:

“Estaba en Casa Jalisco, en donde la gente me puso para ser gobernador, estaba en el lugar en que siempre soñé estar. Dios había decidido que me tocara estar al frente de esta crisis en mi estado por alguna razón y entendí que no nos iba a dejar solos (…)”.

— ENRIQUE ALFARO

El post de Facebook obtuvo 59 mil reacciones y fue compartida 14 mil veces. Y con él se inauguró un capítulo distinto de la narrativa del mandatario, en la que busca hacernos saber que, aunque está dando todo por sus gobernados, también reniega, se cansa y se arrepiente, como buen católico. Aunque en el mismo mensaje Alfaro termina por vituperar a quien no se alinea a su idea de orden.

“Es por los que están sufriendo y por los que están cuidándonos. Es por la gente consciente que cumple con su responsabilidad y también por los pendejos que siguen sin entender”.

— ENRIQUE ALFARO

Esa misma noche, sus declaraciones dieron pie a una entrevista con Denisse Maerkel en el programa estelar de noticias de Televisa. La lucha contra el covid-19 vino acompañada de una estrategia de difusión en medios nacionales e internacionales, como la otorgada a Mario González para CNN en español el 26 de marzo y, la más reciente (del 28 de abril), a Jorge Ramos de Univisión. Desde el 15 de marzo a la fecha, se han realizado un total 36 entrevistas en medios. De esas conversaciones con la prensa, sólo 8 de ellas se han otorgado a periodistas de Jalisco.

Contrario a su aparente apertura de diálogo con la prensa nacional e internacional, del análisis realizado a sus redes sociales se observa que no hay espacio para la crítica:

“Prefiero que quienes hoy no le están dando a la pandemia de #coronavirus la importancia que merece se enojen conmigo, que hagan corajes. No importa, el mensaje es el mismo para las y los irresponsables que no lo han entendido”.

— ENRIQUE ALFARO / 10 DE ABRIL

No hay análisis por encima de sus dichos:

“Es un día triste para México. El Gobierno de la República informó que hoy se suman 135 muertes que nos pesan a todos en el país. Piensa lo que eso significa: ¡En un solo día más de 5 veces las muertes que han habido en nuestro estado en todo el mes!”.

— ENRIQUE ALFARO / 28 DE ABRIL

No hay contrapesos más que los que el mandatario propone:

“Hoy las diferencias políticas no tienen cabida. En Jalisco hemos demostrado que sabemos trabajar en la misma sintonía para cuidarnos entre todos y salvar vidas. Sé que juntos pronto saldremos de esta, para entonces impulsar la reactivación en la nueva normalidad que nos espera”.

— ENRIQUE ALFARO / 30 DE ABRIL

Así, la comunicación con sus gobernados —sean reales o bots— se desvanece sin ninguna consecuencia. A todo esto me pregunto, ¿en qué momento, como ciudadanos, nos acostumbramos a que la historia quedara como un registro mediático y no como un proceso real que afecta el curso de nuestras vidas? ¿Cuándo nos habituamos a que una secuencia de publicaciones en redes sociales, con una narrativa dirigida a objetivos electorales y expresada de forma virtual, se constituyera a modo de archivo en tiempo real, en el que las figuras públicas van mintiendo y desmintiendo de acuerdo a su situación?

No es nueva la idea de una campaña de comunicación unidireccional, propagandística, que no promueve la producción del conocimiento público y que busca desvanecer el rol del trabajo crítico de los periodistas. Desde su cargo como alcalde de Guadalajara, Alfaro ha echado mano de esa idea de que la prensa local es “malaleche, mentirosa y chillona”. Las ruedas de prensa en su gestión municipal dejaron de existir y el entonces alcalde mandaba sus mensajes vía redes sociales, evitando a los reporteros salvo cuando fuera necesario aclarar a su modo algunos temas.

“Yo quiero ver a todos esos que escriben tantas cosas de mí, al periódico Mural, al NTR, a La Crónica, todas esas basuras, que escriben cosas todos los días, denigrando, ofendiendo, atacando. ¿Qué han hecho a parte de criticar, de atacar, de ofender, de mentir? Eso es lo que hay que cambiar”.

— ENRIQUE ALFARO / JUNIO 2017

Incluso ha llegado a hablar de ella en diminutivo, como cuando calificó al diario NTR como “un periodiquito”, tras haber publicado una serie de reportajes sobre el desvío de fondos en obra pública de su programa A toda Máquina.

Enrique Alfaro no es inmune a las críticas, simplemente no las oye, al mero estilo salinista del ni los veo ni los oigo, por eso indigna su tono sobrado sobre la crisis por covid-19, sus ganas de llorar por los muertos y contagiados —como lo dijo en su mensaje escrito. En el cálculo medido de sus palabras, en la frialdad de sus mandatos, en la gesticulación molesta de sus dichos, queda la sensación de que tenemos a un antihéroe al que le cuesta trabajo ser empático, que demerita a los que no son sus iguales; un luchador de la triple AAA que prefiere publicitar mil veces la máscara antes de enseñarnos su verdadera identidad.

A 50 días de campaña contra el covid-19, la pugna, vía videos en redes sociales, ya pasó por varias etapas; desde la disputa con el gobierno federal a principios de abril por la compra de pruebas rápidas del virus (que hasta hoy sólo se aplican en Jalisco), con más de 353 mil visualizaciones, hasta la amenaza sobre su salida del pacto fiscal, versada en una rueda de prensa en la semana de pascua en donde aseguró que Jalisco no recibe lo justo por parte de la federación — “(…) Somos muchos más los estados que nos cansamos de los abusos de la federación (…) ojalá no tengamos que llegar a eso”, dijo el mandatario.

Finamente, en su mensaje en video del 19 de abril que ha generado más de 400 mil vistas, Alfaro dejó en claro que las medidas iban en serio y que por el inicio de la Fase 3 de la pandemia, el confinamiento se volvía obligatorio. A partir de ese día solo se permitiría salir de casa para actividades fundamentales y con cubrebocas, bajo el riesgo de ser multado o encarcelado por no hacerlo. Desde entonces hemos sido testigos de varios abusos policiales, como el de los policías de Tlaquepaque, que detuvieron de forma violenta a un hombre que caminaba a comprar víveres y no llevaba cubrebocas; lo mismo para el director de la preparatoria del municipio de Chapala, que fue detenido por no poder demostrar que se dirigía a su domicilio. Esos episodios muestran cómo los policías municipales, acostumbrados a reprimir, no están entrenados para cuidar a la ciudadanía. Cualquiera que se salga de la norma es víctima de abuso.

«El soberano es quien decide sobre el Estado de Excepción», planteaba en 1927 el teórico Carl Schmitt en su tratado sobre el Concepto de lo político, a lo que el filósofo italiano, Giorgio Agamben, actualizó afirmando que el Estado de Excepción no se presenta como efecto de una guerra sino como un «paradigma de gobierno» cada vez más «dominante en la política contemporánea», que revive las atribuciones del poder ejercido por los monarcas, un poder unipersonal que en la teoría política se denomina como “el poder del soberano”.

Hacer de las medidas provisorias por el covid-19 una especie de “técnica de gobierno”, es difuminar las normas vigentes, las democráticas. Porque salir de la casa y ser reprimido por no llevar cubrebocas, habla más de un gobierno autoritario, ensimismado en el yo, que de un proceso propio de un estado garantista.

La inconstitucionalidad de las medidas reafirmadas por el gobierno del Jalisco en voz de Alfaro, como bien afirma Agamben, definen un paradigma de gobierno, sino nuevo, restaurado: revive la autocracia priista de los años 70s que no permitía oposición ni críticas; y el autoritarismo de la fallida guerra contra el Narco, que habilitó la supresión de derechos fundamentales bajo el imperativo foucaultiano “del hacer morir” a los enemigos y “dejar vivir” a quién no oponía resistencia a los mandatos del régimen Calderonista.

No hay que olvidar que las policías municipales y estatales son las áreas de gobierno más tocadas por el crimen organizado, y que desde hace más de 14 años se ha instaurado un modelo policial que opera en total excepcionalidad, suprimiendo derechos humanos en honor al orden, sea público o criminal. Una decisión así, en una nación frágil en cuestión de derechos humanos, que apenas en 2011 hizo constitucional el que toda autoridad esté obligada a atender derechos humanos y tratados internacionales, es para poner especial atención.

En ese sentido no es menor tener un gobernador que, por ganar adeptos en un contexto de crisis de salud, esté dispuesto a todo, incluso a elevar al coronavirus a categoría de enemigo —como también lo hizo Emmanuel Macron, presidente de Francia—, suprimiendo derechos fundamentales a modo de guiño para la clase media jalisciense y la de todo México. Esto en un país carente de líderes políticos que disputen legitimidad al actual presidente López Obrador, logrando así colarse en la agenda pública local y nacional como un actor de relevancia.

Pero en este año y medio de gestión alfarista, no ha habido un solo tweet, un solo video o spot que nos haga ver a ese Enrique Alfaro dolido por lo que implica ser un gobernador que enfrenta la crisis de su propio ejercicio de gobierno. Ni un mensaje a modo de spot para solidarizarse con las familias de las 9 mil víctimas de desaparición en Jalisco. Ni un esfuerzo de comunicación, como el que habitúa ahora en pandemia, para hacernos saber que le lacera no tener el control de territorio cuando se trata de seguridad y que siente impotencia de que los cárteles repartan despensas a las afueras de edificios públicos de Zapopan, como lo atestiguamos en los videos en donde se ve la impunidad con la que operan los criminales en uno de los municipios más acomodados del estado y donde gobierna gente afín a su proyecto político. Tampoco hemos visto videos en donde Alfaro salga a cuadro y diga que sufre por las más de 50 mujeres asesinadas de forma violenta en lo que va del 2020, o por las que acribillan afuera de su residencia oficial, como lo fue el caso de Vanesa Gaytán, en abril de 2019.

Es cierto que no es menor la batalla, no todos los días un virus azota el mundo, pero los desplazamientos en el discurso de Alfaro —que van de responsable de gobierno a especialista en salud, de gobernador a opositor político, de representante de los jaliscienses a interlocutor legítimo de Dios— le habilitan el inicio de una carrera a la que parece no resistirse: la de ser presidente de México o por lo menos intentarlo. Una contradicción más en la narrativa alfarista que no tiene ni dos años de haber afirmado ante la prensa que no volvería a contender por un puesto político:

“Estoy concentrado en construir el mejor gobierno en la historia de Jalisco; después de ser Gobernador, no voy a buscar ningún cargo de elección popular”, dijo en julio de 2018, solo después de convertirse en gobernador electo y tras renunciar a su militancia por el partido Movimiento Ciudadano.

Moraleja

Ni todo el regaño recibido hasta ahora, ni toda la fuerza para pronunciarse contra el covid-19 alcanza para reparar los temas a los que como mandatario no ha correspondido. Y aunque a muchos jaliscienses les genere orgullo el discurso de hombre fuerte, de macho proveedor que ofrece apoyos económicos, que dicho sea de paso, son sólo para un sector de la población que tiene fácil acceso a dispositivos digitales, internet y conocimiento suficiente para completar el trámite, es importante recordar que la carrera política de Alfaro y el constante cálculo electoral de su camarilla, nos cuesta a todos, las y los ciudadanos, lo hayamos votado o no.

Este trabajo fue elaborado en el marco del Programa Prensa y Democracia (PRENDE) de profesionalización en Periodismo de Datos (Primavera 2020) en la Universidad Iberoamericana.

Fuentes Consultadas:

  • Aboy Carlés, Gerardo. 2001. Las dos fronteras de la democracia argentina: la reformulación de las identidades políticas de Alfonsín a Menem. Rosario: Homo Sapiens Ediciones.
  • Agamben, Giorgio. 2014. Estado de Excepción Homo Sacer,II,I. Buenos Aires: Editorial Adriana Hidalgo.
  • Espósito, Roberto. Biopolítica y coronavirus. Artículo publicado en https://www.filco.es/.
  • La versión original apareció en italiano en La Repubblica (28 de febrero de 2020). Traducción: Miquel Seguró.
  • Foucault, Michel. 2000. Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976) Ed. Fondo de Cultura Económica, México
  • Schmitt, Carl. 2014. El concepto de lo político. Madrid. Alianza Editorial.

Un político, una crisis y una historia por contar

Escrito Por

Paloma Robles

Fecha

12.may.20

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