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04.abr.2022

Las tragedias que importan (más)

En medios internacionales, los efectos de la guerra parecen ser más graves si la sufren personas blancas. Pero hasta en México tenemos ejemplos de este tipo de coberturas racistas.

POR Ángel Plascencia / Lectura de 12 min.

En medios internacionales, los efectos de la guerra parecen ser más graves si la sufren personas blancas. Pero hasta en México tenemos ejemplos de este tipo de coberturas racistas.

Lectura de 12 min.

En el periodismo, la selección y omisión de información dice bastante de nosotros y los medios en los que trabajamos. Uno puede decidir, por ejemplo, resaltar la nacionalidad, origen étnico o aspecto de una persona sin que este detalle importe para contar una historia; al hacerlo, la información puede adquirir deliberadamente un tono racista, clasista o xenófobo.

¿Qué nos aporta saber la nacionalidad, el “origen” o el tono de piel de un sospechoso de un crimen o de un infractor? La mayoría de las veces, nada. Por el contrario, especificarlo sólo ayuda a estigmatizar grupos históricamente discriminados, como son los migrantes y las personas racializadas.

[Por acá podemos ver algunos ejemplos en la prensa española, un esfuerzo de recopilación de la cuenta de Twitter “@esracismososo”.]

La decisión de qué sí y qué no publicar, por supuesto está condicionada por nuestro entorno y la información con la que crecimos; pero en los medios masivos obedece sobre todo a la lógica del sistema dominante, en donde las opiniones que más importan son las del hombre blanco heterosexual.

Las noticias sobre la invasión a Ucrania, por ejemplo, lo han dejado muy claro. En las transmisiones con reporteros y opinadores (blancos) se han registrado reacciones a la guerra como esta: “En las fronteras se han quedado más de 400 niños, no son niños que estamos acostumbrados a ver en televisión, son niños rubios y de ojos azules, eso es muy importante”. O esta otra: “Para decirlo sin rodeos, estos no son refugiados de Siria, son refugiados de Ucrania. Son cristianos, son blancos, son muy similares”. Y no olvidemos esta: “Es muy emotivo para mí porque veo a gente europea con ojos azules y cabello rubio siendo asesinados”.

Estas reacciones no son exclusivas de los medios masivos, pero sí representan una forma de pensar que se replica por el resto del mundo. ¿Tenemos la percepción de que las tragedias humanas son más graves si les suceden a personas blancas, rubias y de ojos azules? ¿O a personas que viven en países ricos?

Uno pensaría que es algo que sólo pasa en países europeos o con poblaciones mayoritariamente blancas, pero no es así.

Analicemos el caso de “Alondra”. En 2013, Alondra (nombre ficticio), una niña de unos cuatro años, pedía limosna en las calles de Zapopan, en Jalisco. De haber sido una niña morena lo más probable es que nadie se habría alterado por su condición. Lo cierto es que Alondra era una niña rubia y de ojos claros. Por eso cuando una señora la vio desde su camioneta pidiendo dinero en un semáforo, se encendió una alerta: algo no cuadraba, las niñas de su edad que piden limosna no se ven como ella, ¿qué hace una niña rubia pidiendo dinero?

En este caso, la reacción de la señora llevó a que la menor fuera sustraída de casa de sus padres y llevada a un orfanato, a pesar de que la madre de la niña, de tez morena, probó con una prueba de ADN su lazo sanguíneo. Por esta queja infundada y derivada de percepciones racistas, Alondra pasó nueve meses alejada de su familia, en el Hogar Cabañas, pues se creía que la madre de Alondra se la había robado. Después del largo viacrucis plagado de clasismo y racismo, los padres de Alondra pudieron recuperarla.

Este es un caso no sólo doloroso porque ejemplifica el racismo institucional que existe en México, también por el hecho de que, en esta lógica racista, pareciera más importante el sufrimiento de una persona solo por la forma en que se ve.

¿Ver a personas güeras en situaciones vulnerables causa mayor pesar e impacto en los medios? Hay estudios que sugieren que sentimos más compasión por personas de nuestro mismo tono de piel. Lo cierto es que, aunque la mayoría de los mexicanos nos consideramos morenos, estamos acostumbrados a aceptar la desgracia como algo más “normal” cuando le pasa a personas morenas. Y claro, como puede verse, en los países ricos y que controlan la agenda esto es aún más frecuente.

Situaciones como el apartheid del Gobierno de Israel contra el pueblo palestino es uno de los ejemplos más claros del doble estándar para reportar las tragedias en el mundo. Recientemente personajes públicos como el jugador de squash egipcio, Ali Farag, han denunciado la falta de atención que los medios occidentales ponen a este tema.

En el fondo se esconden dos mitos, uno clasista y otro de “superioridad racial”. Por un lado, que “la barbarie y las tragedias sólo suceden en el tercer mundo”; por otro, que “es malo si alguien sufre, pero si es blanco es aún peor”.

La selección y omisión de información dice bastante de nosotros. El énfasis en el color de la piel para “agrandar” la tragedia de Ucrania nos muestra el eurocentrismo y racismo que todavía existe entre los medios masivos, los redactores y, entre otras cosas, el poco espacio que tienen personas racializadas y marginalizadas para controlar la narrativa y contar sus realidades (esto, en en un mundo donde normalmente son los que más situaciones de opresión tienen que denunciar).

Mientras no exista representación igualitaria de poblaciones marginadas en la prensa, los medios tienen que comenzar a asimilar que el dolor y la tragedia humana son igual de importantes y dolorosas para todos.

Las tragedias que importan (más)

Escrito Por

Ángel Plascencia

Fecha

04.abr.22

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