Texto

16.ago.2020

La soledad de Elizabeth Costello

El personaje de J.M. Coetzee no existe, pero su soledad duele. En cierta medida, es el mismo aislamiento que sufren las personas que dedican gran parte de sus vidas a intentar cambiar la consideraci贸n moral que reciben los animales.

POR Martha Mondrag贸n / Lectura de 14 min.

El personaje de J.M. Coetzee no existe, pero su soledad duele. En cierta medida, es el mismo aislamiento que sufren las personas que dedican gran parte de sus vidas a intentar cambiar la consideraci贸n moral que reciben los animales.

Lectura de 14 min.

Martha Mondr谩gon es activista de la defensa de los animales. En esta reflexi贸n, escribe sobre la experiencia literaria de pasar las hojas de 鈥淟as vidas de los animales鈥 de J.M. Coetzee. El texto que le resulta es una suerte de rese帽a de la labor de uno de los personajes y, al mismo tiempo, logra sembrar preguntas pertinentes en estos tiempos pand茅micos. La m谩s importante quiz谩 sea, 驴qu茅 pasa si, pese a todo esto, en el fondo no queremos cambiar?

Es una conferencia magistral, auditorio lleno y el tema que aglomera a los presentes parece forzar los l铆mites de lo que resulta correcto admitirnos en los 谩mbitos de la crueldad. Ah铆, en medio del escenario, est谩 una mujer que capta todas las miradas.

Habla de las v铆ctimas del holocausto y de un chimpanc茅, pero no uno cualquiera, sino de Pedro El Rojo, protagonista de 鈥淚nforme para una Academia鈥 de Franz Kafka. Este mono de la literatura fue herido, privado de la libertad, forzado por necesidad a convertirse en 鈥渉umano鈥 y cuya historia 鈥攅n las p谩ginas de Kafka鈥 le depara narrar su experiencia frente a un grupo de acad茅micos. Tambi茅n le acompa帽a una simia 鈥渁maestrada鈥, palabra con la que describimos el proceso que le rompe el alma a los animales.

Ah铆, frente a esa multitud experta, Pedro El Rojo se siente solo.

En el podio, en control del hilo de la complicada conferencia, Elizabeth Costello admite que se siente identificada con el primate y su soledad. Y con los cad谩veres, despu茅s de todo se convertir谩 en uno muy pronto (le aterra ese pensamiento). Costello recorre el mundo, desde universidades hasta cruceros, dando discursos y aceptando premios. Cuando es invitada a la universidad en la que su hijo, John, tambi茅n es profesor, le dan a escoger el tema de su charla. Ella elige a los animales.

Elizabeth es tambi茅n el canal por el cual, J.M. Coetzee, autor de 鈥淟as vidas de los animales鈥, expresa sus ideas propias. A trav茅s de ella hace varios cuestionamientos, uno de ellos: 驴por qu茅, durante el holocausto, tantos fueron capaces de llenar trenes con personas que iban rumbo a la muerte, a ser ejecutadas, asfixiadas, envenenadas u otro destino semejante? La respuesta que 茅l 鈥攅lla鈥 sugiere, es que simplemente no se vieron a s铆 mismos en las v铆ctimas.

Elizabeth se disculpa con su audiencia por comparar v铆ctimas del holocausto con el trato de los animales. Lo considera un golpe bajo y una manera de polarizar opiniones, pero eso no la detiene. Al d铆a siguiente recibe la airada carta de un profesor y poeta jud铆o ofendido por su discursos: 芦comercia usted con los horrores de los campos de concentraci贸n y exterminio de manera tosca y despreciable禄.

La verdad es que ni la misma Elizabeth sabe a ciencia cierta qu茅 es lo que quiere lograr. Navega entre alegor铆as, le habla a personas que no la entienden y que, siendo honestos, no tienen la intenci贸n de hacerlo. S贸lo sabe que no quiere cruzarse de brazos y quedarse callada. John tiene que actuar como mediador entre las ideas de su madre y el desprecio que su esposa, Norma, y sus colegas, sienten hacia ellas. Para Norma, igual que para Descartes, los animales son m谩quinas carentes de raz贸n.

El propio John percibe a su madre de una manera desfavorable. La ve como una mujer incapaz de comunicar su tesis y se pregunta c贸mo alguien que se dedica a escribir puede ser tan mala narrando historias. Alumnos y maestros cuestionan a la autora sobre su consideraci贸n hacia los animales. Citan fil贸sofos, antiguos y modernos, y ella responde con pasajes e interpretaciones de obras pasadas y actuales; afable hasta donde su paciencia se lo permite, pero los intercambios siempre terminan con acritud.

Elizabeth Costello es tan entra帽able que algunos han llegado a pensar que es real. 芦Unos a帽os atr谩s, un amigo m铆o viaj贸 a la India para dar una serie de conferencias sobre literatura australiana contempor谩nea y le preguntaron por la escritora Elizabeth Costello. [鈥 驴Qu茅 estoy buscando explorar y comunicar a trav茅s de Elizabeth Costello? Lo que ella desea comunicar lo hace a trav茅s m铆o: yo soy el veh铆culo禄, relata Coetzee.

De camino al aeropuerto, la anciana confiesa a su hijo, entre l谩grimas, que a veces siente que se ha vuelto loca. 驴C贸mo puede moverse con naturalidad entre aquellos que 鈥攃omo ella considera鈥 han cometido un crimen espantoso? En los objetos m谩s cotidianos ve muestras de la crueldad que sufren los animales y a personas con miradas amables exhibi茅ndolos como si fueran cualquier cosa.

Elizabeth Costello no existe, pero su soledad duele. Las personas que dedican gran parte de sus vidas a intentar cambiar la consideraci贸n moral que reciben los animales, tambi茅n sufren ese aislamiento. 驴Qu茅 es lo que pasa con los dem谩s? 驴Por qu茅 un fen贸meno que involucra tanto sufrimiento es percibido de diferente manera? 驴Y si en verdad hemos perdido la raz贸n?

La frustraci贸n de Elizabeth llega cuando la asalta la idea de que lo 煤nico que sabe y puede hacer 鈥攅n su caso, escribir y dar pl谩ticas鈥 no tiene el impacto que quisiera. La veo desde un lugar muy lejano y quisiera hablarle. Sugerirle, en un tono m谩s optimista, que la perseverancia es inextricable al avance, grande o peque帽o. Movi茅ndose en un irregular zig-zag o en diagonal, tangente a su prop贸sito, quiz谩s est茅 logrando cambios imperceptibles a su visi贸n y espacio-temporal. Tendr谩 que aceptarlo: no vivir谩 para ver los resultados de su trabajo.

Elizabeth, muy seguramente, responder铆a con silencio y mirada esquiva si le dijera que necesita tom谩rselo con calma y reorganizar sus pensamientos. Que su pesar no acabar谩 con los horrores que ella ve en granjas y mataderos. A estas alturas, Elizabeth, yo dir铆a que es v谩lido tirar todo el trabajo hecho por la borda si eso significa una renovaci贸n m谩s prometedora, m谩s 煤til para las vacas, los cerdos, las gallinas, las ovejas y conejos por los que est谩s luchando y quienes nunca dejar谩n de necesitarte.

Aquellos que ves como perpetradores son tambi茅n familia y amigos, la amabilidad que ves en sus miradas es real y sigue ah铆. No eres un cad谩ver y a diferencia de Pedro el Rojo, lo que vives no es una situaci贸n 煤nica, afortunadamente se repite en otros.

La soledad de Elizabeth Costello

Escrito Por

Martha Mondrag贸n

Fecha

16.ago.20

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