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28.sept.2020

Hablar de aborto sin miedo

Ante los ataques, las regias respondemos. Hoy ya no tengo miedo de hablar del aborto y exigir que sea un servicio de salud gratuito y de alta calidad, además de eliminarlo de todos los códigos penales de México.

POR Alejandra del Toro / Lectura de 10 min.

Ante los ataques, las regias respondemos. Hoy ya no tengo miedo de hablar del aborto y exigir que sea un servicio de salud gratuito y de alta calidad, además de eliminarlo de todos los códigos penales de México.

Lectura de 10 min.

Hace siete años fui a una marcha feminista por primera vez. No conocía a nadie más que a un par de amigos fotoperiodistas que la iban a cubrir. Llegué con la cámara colgando del cuello, alguien me regaló una pancarta y me uní al contingente. Detrás del lente intenté mantenerme participante y observadora a la vez.

Me emocioné y comencé a corear las consignas hasta que llegaron al “aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”. Bajé la cabeza y guardé silencio mientras juzgaba a quienes cantaban frente a las familias que paseaban por la calle Morelos.

En cuanto puse un pie en el movimiento feminista, tuve que hacerme de una opinión respecto al derecho a decidir de las mujeres. Lo platicaba con mis amigas de colectivos y compartía algunas noticias sobre mujeres procesadas injustamente por abortos espontáneos, pero nada más allá de eso. Me daba miedo.

Me daba miedo lo que mi familia pensara de mí, lo que pensarían mis compañeros de trabajo, mis amigas de la primaria. Cambié la configuración de mi Facebook y empecé a organizar a mis contactos en listas “con acceso restringido” para poder expresar lo que realmente pensaba.

Luego me volví provocadora, dispuesta a ser la ovejita feminista de todos mis círculos. Así se empezaron a acercar personas a mi Inbox como si fuera un callejón oscuro, me preguntaban: ¿sabes dónde puedo abortar? Con mis escasos recursos en el tema, conseguí pasarles algunos teléfonos de clínicas en la Ciudad de México que no se veían tan apócrifas, además de mi apoyo moral.

Luego comenzaron los colectivos de acompañantes en Nuevo León, mujeres valientes que brindan información a otras para que puedan tomar una decisión consciente sobre su embarazo, supliendo las carencias de nuestro débil sistema de salud pública y los prejuicios de la práctica privada. Estos colectivos (que existen alrededor de todo México, algunos incluso formalizados como Organizaciones de la Sociedad Civil) crearon un espacio seguro, libre de estigma, respaldados por médicos y médicas y por décadas de libertad reproductiva en el mundo.

Durante mucho tiempo creí saber cómo hablar y abordar el tema del aborto (claro, en mis propios términos). A pesar de tener el contexto legal, médico y político (de izquierda) para argumentar con legisladores y personas que están en contra, pocas veces logré convencer y lograr consensos.

En 2018 fui candidata a diputada local y me daba terror que saliera el tema en entrevistas; en ocasiones salía el tema en conversaciones con vecinas del distrito por el que competí, pero nunca llegó a nada. Después me di cuenta de que “no eras tú, era yo” la que no sabía hablar del derecho a decidir en términos que no fueran los que usábamos “las progres”, las feministas, las que ya estábamos de acuerdo y a las que no había que convencer.

Nunca pensé en sentarme a hablarlo con mis tías o mi mamá, abordarlo desde mi propia historia, la de mis amigas y la de miles de mujeres. Y ahí es donde creo que tenemos mucho en común y en algo podemos estar de acuerdo y coincidir.

En marzo pasado, días antes de que el Covid-19 nos encerrara en nuestras casas, miles de madres e hijas salieron a exigir justicia y una atención digna a la violencia de género. Algunas portaban pañuelos verdes, otras morados, pero las calles se inundaron del sufrimiento, el miedo y la compasión que nos une por ser mujeres. Esta movilización masiva fue algo nunca antes visto en nuestra ciudad, síntoma de que esa sociedad “conservadora” y negacionista de Derechos Humanos que nos han querido vender por décadas, realmente está cambiando.

Meses después, en septiembre, el diputado de ultraderecha Carlos Leal presentó una serie de iniciativas para criminalizar a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Esto no es nuevo, durante toda la legislatura se ha empeñado en eliminar las causales (violación, peligro de muerte y riesgo a la salud de la mujer), criminalizar el cumplimiento de la NOM-046 (que permite a víctimas de abuso sexual acceder a un aborto sin necesidad de denunciar), a aumentar la pena por abortar y hasta castigar con prisión a quien «induzca, auxilie o hiciera a abortar a una mujer».

Esto último fue una denuncia penal que presentó en contra de colectivas acompañantes (que no poseen personalidad jurídica) y que brindan información sobre aborto con medicamentos (información que se encuentra en la página web de la Organización Mundial de la Salud) —según mis fuentes jurídicas, está mal argumentada y sin lugar. El diputado Leal quiere que se procese a una de las integrantes del colectivo por “apología” de la “probable comisión” del delito de aborto. Sus pruebas son publicaciones en redes sociales “que una búsqueda en el navegador de su computadora arrojó”.

Ante estos ataques, las regias respondemos. En otro hecho histórico, ayer, domingo 27 de septiembre, cientos de mujeres de todas las edades llenaron la Explanada de los Héroes con pañuelos verdes, cantaron consignas y hasta hubo stand up feminista. Se leyeron discursos, uno de ellos por la compañera denunciada quien reiteraba que no tiene miedo porque sabe que no está sola.

Platicando con ellas, me comentaron que varias diputadas y políticas se han acercado a preguntar “¿cómo les ayudo?”. Su respuesta es contundente: despenalicen el aborto.

Durante 2020, casi todos los esfuerzos presupuestales en el rubro de salud se han orientado a atender la pandemia, y con justa razón; sin embargo, miles de mujeres en todo México siguen sufriendo violencia sexual, siguen sin acceso a anticonceptivos, siguen necesitando abortos seguros.

Hoy, 28 de septiembre, Día Internacional del Aborto Seguro, no tengo miedo de hablar del aborto y exigir que sea un servicio de salud gratuito y de alta calidad, además de eliminarlo de todos los códigos penales de México. No desde el marco legal, sino desde la historia de miles de mujeres que se están salvando gracias al trabajo de las acompañantes, trabajo que el Estado mexicano debería realizar. Sé que habrá quienes no coinciden conmigo y a esas personas les invito a conversar para encontrar un punto de acuerdo.

A las diputadas y diputados que están a favor del aborto también les invito a que no tengan miedo. Hagan pedagogía política, expliquen a la gente el sentido de sus iniciativas y sus votos, hagan su trabajo. Las mujeres se los exigimos.

Hablar de aborto sin miedo

Escrito Por

Alejandra del Toro

Fecha

28.sept.20

Categoría

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