Mexicanos ‘defendiendo’ a la nación

El enojo de estos mexicanos está siendo absorbido por una derecha amorfa que, con la ayuda de células radicales, parece estar configurando una opción política vocal, sólida y peligrosa rumbo al 2024. A un año de ese 1º de julio donde ‘juntos hicimos historia’, vamos solos por la izquierda.

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A pesar de la resolana, logro llegar al frente del contingente de la marcha anti-AMLO. Lo encabeza una camioneta con banderas de México y cuatro personas mayores sentadas en la caja. Una mujer corre hasta alcanzarles para pedirles que vayan más despacio.

El contingente había comenzado a distenderse. Aunque a la gran mayoría de los asistentes ya se les notan los años encima, igual no aflojan el paso.

Una mujer rubia, de aspecto enérgico, marcha con un megáfono en mano mientras va gritando consignas en un tono entre rabioso y sufrido. La gente al escucharla se enciende, frunce el ceño. A mí me genera entre terror y admiración, como los grandes felinos en los documentales.

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“Despierta, despierta, ¡que te hierva la sangre!”, grita como si fuera a devorar el micrófono del megáfono y termina con un lamento que se corta de tajo para agarrar aire. “¡Fuera los partidos políticos!”. Respira hondo. “¡Fuera traidores!”.

“¡VIVA MÉXICO!”, grita con todas sus fuerzas, en un grito de dolor.

No sé con certeza cuánta gente asistió, la policía hablaba de 300 personas y yo calculo unas 500. El número es irrelevante, lo importante es que se reunieron a protestar furiosos quienes ven en AMLO una amenaza socialista y que va en contra de los valores. Sí, el mismo presidente que “le renta” Bellas Artes a la Luz del Mundo, que militariza la frontera sur y que recorta los presupuestos de cultura. Le asignan temores de izquierda al AMLO más neoliberal que hayamos visto.

Y mientras se manifiestan, el contraste: circulan en redes sociales las imágenes de la marcha del Orgullo en la Ciudad de México. Sin embargo, ese Paseo de la Reforma pujante, el que construye desde la calle otro mundo posible, más inclusivo y tolerante, se siente efímero. Se siente así porque ya se acabó junio y porque la Ola Celeste y el Congreso Nacional Ciudadano y el Frente Nacional por la Familia y los Chalecos Amarillos de México siguen aquí, articulándose, ampliándose para ganar adeptos y construyéndose como opción política.

Hoy, a un año de ese 1º de julio donde juntos hicimos historia, vamos solos por la izquierda.

Le asignan temores de izquierda al AMLO más neoliberal que hayamos visto.
 

¿Y esos quiénes son?

A lo mejor no son las transformaciones que quisiéramos, pero la 4T sí trajo consigo transformaciones; una de ellas es la polarización, que, nos guste o no, es una forma de politización. Eso sí, no es generalizada porque el derecho a que nos valga madre se sigue ejerciendo, al menos en Monterrey.

Un hombre con barba de tres días, gorra blanca y ropa de manta apresura su paso por la banqueta.

Súmate, ¡párate y marcha!
N’hombre pinche pendejo, ponte a jalar. Le contesta un señor con shorts y gorra, en completo outfit de domingo.

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Llama la atención que la mayor parte de los asistentes son gente mayor. Están muy enojados y es inevitable pensar que lo que vemos es un México en vías de extinción haciéndose visible.

Ahora bien, aunque compartan generación, no todas las personas que marcharon piensan exactamente igual. La derecha, a diferencia de la izquierda, es capaz de crear contenedores amplios donde basta con coincidir en un punto para caber y pertenecer al bando. Sin embargo, para mitigar la posibilidad de esquizofrenia es preciso encontrar al menos una causa en común, en este caso facilitar como culpable de todos los malestares al Presidente de la República.

De ese modo, el señor tecnócrata que está furioso por la cancelación del NAIM puede marchar codo a codo con la viejita que quiere criminalizar el aborto o con el señor jubilado que no puede tolerar la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo. Juntos, pero no revueltos, así marchan y se configuran como una opción política vocal, sólida y peligrosa rumbo al 2024.

⏤ "La gente se pregunta y ‘¿esos quienes son?’.
Somos mexicanos defendiendo la nación.

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Juntos, pero no revueltos, así marchan y se configuran como una opción política vocal, sólida y peligrosa rumbo al 2024.

Esta masa, además, es nutrida por las células radicales que se encargan de tejer un discurso capaz de aportar un rechazo para todos: mujeres, comunidad LGBT, migrantes, indígenas y pobres. Rechazados por un todo, pero no por todos; es decir –e insisto–, el odio va junto, pero no revuelto y entre ellos no se indignan ni se separan porque antes que todo “yo respeto”.

Pero, ridiculizar a quienes se agolpan en contra del presidente no resuelve la duda de qué opción tendremos desde la izquierda para el 2024. Tal vez sea tiempo de aceptar que defender todas las decisiones del presidente no es el camino para configurar un proyecto de izquierda y, todavía más importante, es preciso darnos cuenta de que todos los adeptos que está perdiendo el presidente los está ganando la extrema derecha.

 

Una encuesta a su estilo

El contingente se detiene en la sombra que hace el túnel de Zuazua antes de llegar al Palacio de Gobierno del Estado. Apenas pasan las 12 del mediodía, pero hay que concederles que llevan ya una hora marchando. Por otro lado, ya compacto el grupo no se ve tan grande, pero la cifra de 300 personas que me dio un policía de Monterrey, cuando me obligó a darle mi nombre y mostrarle una identificación de prensa, no suena descabellada.

Habilitan una de las jardineras como templete y toma el micrófono Gilberto Lozano, uno de los exponentes locales del populismo fifí.

“¿Está en nuestra marcha el señor Fox?”, pregunta Lozano a la multitud y recibe un “¡Noooooo!” que gana magnitud por el eco del lugar.

Repite la dinámica.

“¿Está en nuestra marcha el señor Calderón?”.
“¡Noooooooo!”.

“Ésta es una marcha de los ciudadanos, por los ciudadanos”.

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Así dio inicio su discurso, donde reafirmó una y otra vez la importancia de llevar a juicio político por traidor a Andrés Manuel López Obrador. Con la multitud bien caliente, le pasa el micrófono a otro hombre también canoso que está a su costado izquierdo.

“Los mexicanos somos gentes de valores”, le dice a la multitud y estallan en júbilo. Intuyo que él pertenece a la parte del movimiento que está más enojada por los avances en derechos civiles en el país. Mi intuición será confirmada por él mismo en el post-meeting que harán a un costado del Palacio de Gobierno del Estado, media hora después.

“Estamos unidos y organizados y no nos vamos a callar, de una manera u otra los vamos a sacar”, continuó.

Gilberto Lozano recupera nuevamente el micrófono y alza su brazo con la palma extendida hacia la multitud.

⏤ “Ahora vamos a hacer una consulta así, muy a su estilo [el de AMLO], a mano alzada”.

La gente se ríe y grita. Hay un hombre con un tambor que lo suena cada vez que las pausas lo ameritan.

⏤ “Levanten la mano los que sí están de acuerdo con que se siga construyendo el aeropuerto de Texcoco”.

La gente levantaba la mano con todas sus fuerzas y agitaba las palmas en el aire.

“Muy bien, ahora levanten la mano quienes quieran juicio político a López Obrador”.

La escena se repite pero ahora gritan y vitorean.

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Están muy enojados y es inevitable pensar que lo que vemos es un México en vías de extinción haciéndose visible.

El performance no fue para entretener a la gente, sino para demostrar las dimensiones de movimiento político que esto puede llegar a tener. La gente está tan cegada por la rabia que es capaz de imitar las formas que dice detestar.

La gente bajó los brazos y empezaron a entonar el Himno Nacional. La última vez que vi algo así fue en una de las manifestaciones del Frente Nacional por la Familia. En aquella ocasión montaron un templete frente al Palacio de Gobierno y, desde ahí, con un equipo de sonido, hacían sonar el himno nacional para callar la protesta a favor de la diversidad que se había colocado como un oasis en la explanada de los Héroes.

Terminado el Himno Nacional, el hombre que compartió micrófono con Gilberto Lozano gritó “¡DIOS BENDIGA A MÉXICO!”.

La gente siguió repitiendo la frase por un periodo que me pareció eterno aunque quizás no fue más de un minuto. De ahí rompieron filas y siguieron su domingo normal.

 

‘Ya me estás colmando el juicio, ¡no te metas con mis hijos!’

Ya son cerca de las 12 y media del medio día y debajo de Zuazua comienzan a disgregarse. Una mujer toma una bocina con micrófono y comienza a indicar que no han terminado, que la manifestación sigue, que tienen que llegar al Palacio de Gobierno.

Pero ya es muy tarde, la llegada de los vendedores de paletas, churros y bon-ice marca el fin de esta “jornada cívica”. Sólo los más fieles a la causa continúan y aceptan llegar a ese destino de sol que es la explanada de los héroes.

Siguen en pie de lucha las personas que portan pañuelos azules con un rótulo de “salvemos las dos vidas”. Hay personas que cargan pequeños carteles del Congreso Nacional Ciudadano, las cuales intervinieron con una tarjeta azul que dice *“no te metas con mis hijos”*. También va una pareja de la tercera edad –señor y señora, obviamente– ambos con sombrilla y portando playeras que dicen *“yo defiendo el diseño natural”* con un cuadro dividido en dos donde aparece en un lado de fondo azul el ícono de un hombre y del otro lado, de fondo rosa, el de una mujer.

 
 

Todavía no dejamos de caminar y un señor de complexión robusta y camisa amarilla le arrebata el micrófono a la mujer que buscaba dar indicaciones. Es posible ver cómo la sangre se le está subiendo a la cabeza mientras agarra una bocanada de aire.

“¡VIVA MEXICO! ¡FUERA LOS MIGRANTES!”, grita con todo el aire que fue capaz de acumular. Gente alrededor le aplaude.

“Los queremos, pero allá, en su país”, oigo que dice en tono más bien bajito una mujer mayor a quien la acompaña.

Nos detenemos finalmente. No es posible situarse frente al Palacio de Gobierno del Estado porque están desmontando la réplica de la capilla sixtina.

Se forma un círculo de viejitos con sombrillas y al centro se colocan los oradores principales, son dos y son hombres. El primero en tomar la palabra es el mismo señor de amarillo que se da vuelo con el mismo discurso antimigrante.

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“México es para los mexicanos, no para los migrantes. ¡Fuera migrantes! ¡El dinero de México no es para Centroamérica!”.

La gente aplaude y vitorea. Hay un vato de unos treintaitantos que sacude su pancarta de forma frenética cada vez que se alcanzan las notas más xenofóbicas del discurso.

“Mas si osare un extraño enemigo, profanar con su planta tu suelo”, es lo que dice su pancarta.

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