¿Qué tan feminista es el porno feminista?

Cualquier representación acrítica de la pornografía debe ser cuestionada, desde una serie como Hot Girls Wanted: Turn On hasta cualquier discurso que le dé pase libre sin pestañear. Este texto es para quienes no están de acuerdo con la pornografía mainstream, pero quieren darle una oportunidad a la pornografía feminista. 


El primer capítulo de la serie Hot Girls Wanted: Turn On es una apología de la pornografía. De la feminista, dicen. Entiéndase por pornografía feminista a aquella que tiene a mujeres en posiciones de toma de decisiones (directora, productora, fotógrafa), que sostiene relaciones equitativas y justas para sus actrices, que representa una diversidad de identidades no cubiertas por la pornografía tradicional y que, además, centra tanto la historia como la narrativa visual en el placer femenino. 

Lo que hace esa serie en su primer capítulo es narrar la historia detrás de cámaras de dos productoras. A una le va bien porque encontró su nicho, mientras que la otra se la pasa quejándose amargamente de lo difícil que es costear una producción de buena calidad en la que se represente a las mujeres con dignidad. 

¿Qué tiene esto de malo? ¿Por qué hablo de apología de la pornografía? ¿Por qué señalo a la pornografía feminista cuando claramente es distinta de aquella que es violenta y degradante?  

Porque me parece que la pornografía feminista tiene pase libre. Si alguien se autoadjudica ese mote, ha de ser cierto. ¿Analizar el contenido o las condiciones de trabajo de las participantes? Para qué, se cuestionarían. ¿Quién soy yo para sacar mi feministómetro donde no me corresponde? Yo no soy la máxima autoridad del feminismo, ni la que reparte credenciales, etcétera. Vale. No lo soy ni pretendo serlo, pero eso no significa que no pueda dudar de sus discursos ni pensar en torno a estos temas. De hecho, la apuesta feminista es justamente la de problematizar las instituciones y relaciones de poder. 

Hot Girls Wanted evita esa problematización a toda costa. No hace preguntas. Sólo narra lo que las entrevistadas quieren que veamos. Esto, por supuesto, le conviene a sus seguidores. A mí no me convence. A mí me gustan las preguntas. Cualquier representación acrítica de la pornografía debe ser cuestionada, sea HGW o cualquier discurso que le dé pase libre sin pestañear. La serie sólo es un eco del tipo de discurso que permea en círculos “progre”.

Este texto es para quienes no están de acuerdo con la pornografía mainstream, pero quieren darle una oportunidad a la pornografía feminista. Quienes tienen esa postura ya conocen los argumentos en contra de la prostitución tradicional: que al menos en el 80% de las escenas hay algún tipo de violencia hacia las mujeres, que algunas de sus actrices sufre de Síndrome de Estrés Postraumático, que la mayoría de ellas sólo aguantan unos meses, que la pornografía muestra a las mujeres como objetos de consumo para la mirada masculina, que ni la pornografía lésbica está hecha para lesbianas, etcétera. Así que los argumentos que presento a continuación responden a sus inquietudes sobre qué tan feminista es el porno feminista y cómo se sitúan los consumidores en medio de todo esto. 
 
[Parto de la premisa de que la pornografía es prostitución en video, por lo que le aplico los mismos estándares.]


Pornografía feminista, ¿con pase libre?

Se dice que la pornografía feminista está interesada en que los participantes actúen bajo condiciones éticas y justas. Sin embargo, se pueden presentar condiciones injustas a pesar de que los actores hayan consentido en un principio a ser videograbados teniendo sexo. 

Por ejemplo, yo pude haber consentido ese hecho, pero resulta que el día de la grabación no quiero tener sexo y, sin embargo, tengo que hacerlo porque tengo un contrato. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué tanta flexibilidad hay a la hora de grabar en ese momento? Tomando en cuenta que la grabación en un estudio no es barata, puede resultar complicado decir que no aunque inicialmente hayas dicho que . ¿Está dispuesto el estudio a posponer la grabación si tú en ese momento no tienes ganas por la razón que sea? Como consumidor uno tendría que tener esa información porque, de lo contrario, al haber duda de si se podría pausar o posponer la grabación (incluso por días o semanas), ya no podríamos decir con todas sus letras que fue un proceso ético.
 
En segundo lugar, ¿por qué entraste a la pornografía? ¿Es porque no encontraste otra fuente de ingreso? ¿De verdad, como consumidor, te parece ético pagar por acceso (visual) al cuerpo de mujeres que están ahí por la violencia económica que enfrentan? Quizá nadie las está obligando directamente a ser actrices porno, pero si tu opción es sólo una, no es relevante hablar de consentimiento. ¿Qué dice de ti el que consumas un producto en el que no pudo haber consentimiento? ¿Que tiene de feminista ser una empresa que contrata a mujeres en esas condiciones?

Lo mismo aplica si entraste por puro gusto pero eventualmente tu ingreso depende exclusivamente de tus actuaciones en pornografía, porque aunque ésta sea feminista, te va a resultar más difícil negarte a actuar; es decir, es el equivalente a ser prostituida en video porque implicaría dejar de percibir el ingreso del que dependes para vivir. Una acotación: tu ingreso no tiene que ser exclusivamente de la pornografía para que aplique esto, pero sí ser un porcentaje mayoritario. También aplica para quienes no les representa un componente mayoritario de su ingreso, pero lo hicieron porque necesitaban urgentemente de ese dinero. De nuevo, como consumidor, para asegurar que lo que consumes proviene de una fuente ética tendrías que saber el porcentaje de ingreso que proviene de esta fuente, o bien, que la actriz no haya atravesado por una emergencia que requiriera el ingreso derivado de su actuación.

Ninguna productora que se autodenomine como pornografía feminista proporciona esa información al consumidor, por lo que, en principio, uno no puede tranquilamente decir que su consumo es ético.

De hecho, la apuesta feminista es justamente la de problematizar las instituciones y relaciones de poder. 

Por otro lado, ¿cómo se aborda la imagen de las mujeres en esos videos? ¿Están contribuyendo a que éstas sean vistas como objetos de consumo? En una sociedad en el que las mujeres efectivamente son percibidas así, resulta difícil pensar que, independientemente del contenido del video, éstas pueden seguir siendo vistas de esta forma, ya que la objetificación se origina desde los ojos del consumidor. La manera de abordar la sexualidad femenina en el video podría ayudar a disminuir el que la mujer sea vista como un objeto, sin embargo, eso no quita que siga siendo una relación unidireccional en la que el sexo de una clase que ya es vista como un objeto se exponga para el consumo. 

Esto presenta una pregunta interesante: si ya estás en el hoyo por ser vista como un objeto para el consumo, ¿puedes salir de ahí mostrándote como un objeto para el consumo, pero de otro tipo? En otras palabras: bajo un régimen opresor, ¿puede el sexo ser verdaderamente libre? ¿Bajo qué condiciones? Quizá la narrativa las retrata como independientes, en control, libres, etcétera, pero si la audiencia trae puestos los lentes con los que se ven a las mujeres como cosas, ¿esa narrativa va a contrarrestar sus ideas o sólo se van a concentrar en las tetas? 

Se dice que quienes se muestran por decisión propia se hacen cargo de la narrativa sobre su cuerpo. La cosa es que no hay una sola narrativa. También está la del consumidor. Que hayas tenido las mejores intenciones no significa que quien reciba el mensaje lo interpretará igual. Pregúntenle a quienes han sufrido los estragos de la publicación de sus videos privados. Algo que era inocuo (una relación sexual) pasó a ser del dominio público y a los consumidores no les interesa que la mujer que aparece en el video se haya sentido muy bien al grabarlo¹

 

¹ Obviamente no estoy justificando el porno de venganza. Es inaceptable por donde se vea. Mi punto es otro: los ojos del consumidor suelen ser muy distintos a los de los creadores del video original. Algunos pensarán que entonces es sólo cuestión de educar al consumidor y que la pornografía feminista puede ayudar a esto. La cosa es que la misma narrativa existe en otros temas, sin mucho éxito. Por ejemplo, existen cooperativas para intentar contrarrestar la rapacidad de Walmart, pero eso no quita que esa empresa domine el mercado con sus prácticas nocivas. El problema es, claramente, esos grandes distribuidores, pero las iniciativas pequeñísimas hacen, cuando mucho, cambios marginales en el estado de las cosas.   


Otra cosa importante: hay productoras como Erika Lust (una de las protagonistas del primer capítulo de Hot Girls Wanted) que contratan actores que vienen de la industria mainstream de la pornografía. Si aceptamos la premisa de que ese tipo de porno degrada a las mujeres, ¿qué dice de nosotros el que consumamos un producto cultural que incluye a actores que coadyuvaron en esto? ¿Y de la productora? ¿Tienen esos actores pase libre porque acá se comportan de una forma más respetuosa con las mujeres? Cualquier mujer que se autodenomine feminista conoce casos de hombres que se identifican como aliados, pero que en privado son abusadores. Muchas estamos en contra de que se les dé pase libre sólo porque en público pretenden apoyar nuestra causa. Acá pasa lo mismo. Vemos a los actores en escenas que repiten y refuerzan el estereotipo de dominación y violencia hacia las mujeres, donde a las mujeres se nos ve como auténticos pedazos de carne, donde no sabemos si la opinión de la actriz fue tomada en cuenta, y luego los vemos siendo los más respetuosos en un video porno feminista. ¿De verdad eso no es como para causar ruido?
 
Hay quienes dicen que el problema se arreglaría si la pornografía feminista se concentrara en mostrar solamente hombres². Puesto que ellos no son vistos a gran escala como objetos sexuales ni se les tilda de inferiores a las mujeres, mostrarlos teniendo relaciones sexuales o haciendo alguna actividad erótica no abonaría a profundizar las desigualdades de género. Aunque es un planteamiento interesante, acá hay dos temas importantes que se deben aclarar antes de asegurar que ésta es la solución.

 

² En el entendido de que las consumidoras serían mujeres, porque la pornografía para hombres homosexuales ya existe en el mainstream. Los hombres heterosexuales no suelen asomarse a los videos de porno feminista. 


El primero tiene que ver con la pregunta de si se estaría creando un nuevo mercado. El segundo, que si se lleva este proyecto a gran escala, podría pasar lo mismo que pasó con nosotras las mujeres: que los cuerpos de los hombres comiencen a ser vistos como objetos de consumo.

Veamos. Si las mujeres consumimos muchísima menos pornografía que los hombres, ¿este tipo de pornografía sería una respuesta a nuestros deseos o sería una estrategia mercadológica par ampliar el pool de consumidores? Al final de cuentas, el deseo es, como muchas otras cosas, una construcción social. ¿Por qué deseamos esto y no aquello? 

Pensemos, por ejemplo, en las dick pics. ¿Cuántas mujeres en verdad las disfrutan (suponiendo que llegaron a ellas porque las pidieron y no porque un desconocido las depositó en su bandeja de mensajes)? ¿Es el pene, en este momento, una imagen erótica para las mujeres? Quizá sí, realmente no lo sé. Lo que sí sé es que cuando he discutido con hombres sobre las fotos íntimas que intercambian con sus parejas, a todos les resulta difícil crear algo que resulte atractivo para la mujer en cuestión. En cambio, para las mujeres es mucho más fácil, ya que prácticamente todo su cuerpo es visto bajo el lente de la hipersexualización. 

Lo he dicho en otro momento en este mismo espacio: la industria del sexo existe porque hay demanda. No me voy a poner a hacer videos pornográficos si sé que nadie los quiere. A pesar de que cada vez hay más mujeres que consumen pornografía, comparativamente (con los hombres) son un pequeño porcentaje. ¿Qué nos dice esto de cómo nos ven ellos y cómo nosotras los vemos? 

La pornografía no nació feminista. Dije ya que en el 80% de los videos ordinarios hay actos de violencia contra las mujeres. Es decir, que la pornografía parece ser un subproducto y, a la vez, un catalizador de esa imagen de las mujeres como objeto de consumo. La pornografía feminista es una respuesta a esto. Yo me pregunto si un producto cultural tan pernicioso como la pornografía mainstream requiere ser respondido con más pornografía y no con dejar de consumir pornografía del todo. Si no existiera la pornografía que mantiene a sus actrices en condiciones degradantes, no habría pornografía feminista. Si los hombres no nos vieran como cuerpos para su disfrute, no habría pornografía y, de nuevo, tampoco existiría esa respuesta en video llamada pornografía feminista. 

Esto me lleva al segundo tema. Si aceptamos la premisa de que la pornografía ordinaria existe por una desigualdad entre hombres y mujeres, la pornografía de hombres sí incentivaría un nuevo mercado en el que los cuerpos de los hombres se comiencen a ver de forma más sexual y menos neutral que ahora. Es decir, que se estaría creando una nueva forma de deseo³. 


³ No estoy diciendo que las mujeres no deseen a los hombres. Estoy diciendo que no ven sus cuerpos como objetos de consumo. El deseo de las mujeres, se dice, está forjado por otras cosas más allá de lo visual.


Al crear nuevos productos/consumidoras mujeres (y la tirada de los negocios es llegar a cada vez más gente), estaríamos bordeando una línea muy delicada: ¿qué tanto abona a la igualdad el que veamos a los hombres como objetos sexuales⁴? Crear relaciones más justas entre hombres y mujeres no pasa por bajarnos todos al mismo nivel. ¿El que seamos vistas como seres con deseos necesariamente implica que nos tengamos que subir en el tren de la pornografía? 


⁴ Aplica la misma pregunta para aquellos con cuerpos e identidades generalmente no representados en ningún lado, pero sí en la pornografía feminista. 


Entiendo y comparto lo ridículo que es que como mujeres no podamos hablar alto y claro sobre nuestra sexualidad. No nos hemos podido distanciar de esta dicotomía de madre-puta. Sin embargo, sospecho que la solución no es crear nuevos nichos de mercado, sino abogar porque las mujeres seamos vistas como personas completas. Es decir, que la sexualidad vuelva a las personas, en lugar de dejar de pertenecer a una industria.