Si la prostitución fuera como cualquier otro trabajo...

En este primer ejercicio de imaginario, la autora explora –sin juicios morales de por medio– los probables escenarios que resultarían de materializarse el argumento que sostiene que el trabajo sexual es como cualquier otro empleo, y que, como tal, tendría que ser regulado. Pues bien, el desarrollo lógico de ese argumento se ve aterrizado a algo más o menos así... 


Trabajo sexual. La forma de nombrarlo delata la postura: el intercambio de dinero por sexo es un trabajo. Habrá casos –como sucede en cualquier empleo– en que las condiciones son de explotación, pero al ser una transacción comercial común y corriente, ésta no se define por sus excepciones. Hay, entonces, una clara distinción entre el trabajo que se realiza derivado de un acuerdo entre dos o más partes y la explotación (trata). Los trabajadores tienen derechos y, por lo tanto, hay que regular ese campo laboral para asegurarse que puedan acceder a ellos.

Cada vez más personas lo entienden así, por lo que su tirada es dejar de utilizar el término prostitución¹ y abogar por su regulación. 

Les propongo algo: vamos tomándonos en serio este argumento. ¿Qué pasaría si la prostitución el trabajo sexual fuera como cualquier trabajo? ¿Cuáles serían las implicaciones?

Este ejercicio se basa en el supuesto de que, al ser un empleo común y corriente, las labores específicas asociadas a éste no serían un tabú. Por lo tanto, hablaríamos del sexo como si se tratara del clima. 

¹ El término prostitución es más estrecho que el de trabajo sexual. El segundo engloba a aquel, más otras actividades como sexo por teléfono, webcamming, pole dance, entre otros. Los casos que comparto en este artículo aplican igual, independientemente del término que se utilice.


Si la prostitución fuera como cualquier otro trabajo:

Nota: la mayoría de estos argumentos son de mujeres que se sumaron al ejercicio virtual de imaginar qué pasaría si el trabajo sexual fuera como cualquier otro. A todas ellas, gracias. A quienes se preguntan por qué no las cito: prefieren mantenerse en el anonimato.

 

1. Las trabajadoras tendrían una trayectoria profesional con aumentos de sueldo, prestaciones, promociones laborales y evaluaciones de desempeño.

Esto implica que habría empresas legítimas que las contratarían, además de otras que, como es cada vez más frecuente en cualquier empleo, las tendrían subcontratadas, por lo que las prestaciones serían nulas. En caso de que trabajaran por su cuenta, tendrían facilidades para acceder al Seguro Social, INFONAVIT y demás prestaciones.


2. Al acumular experiencia, aumentaría el sueldo

No aplica para el nicho que valora más la falta de experiencia. 


3. La experiencia laboral en esa rama sería tomada en cuenta al aplicar a otro tipo de trabajos.

Haber trabajado en servicio al cliente es valorado en otras industrias.


4. No habría razón para mentir sobre qué estuviste haciendo todos esos años que no aparecen en tu currículo.


5. Si no puedes ir al trabajo, alguien podría cubrir tu turno.


6. Habría carreras, capacitaciones y especializaciones.

Esto depende de cómo sea entendido el trabajo. A quienes limpian, por ejemplo, rara vez les requieren haber recibido una educación formal. En cambio, en otros trabajos sí es valorada la educación formal y continua. En caso de que el trabajo sexual fuera considerado como este segundo tipo de trabajos, cualquier universidad ofrecería la carrera y ésta se incluiría como opción en los exámenes vocacionales de la preparatoria.


7. Podría haber practicantes que realicen el trabajo sin paga, o bien, por sueldos muy bajos.


8. Al trabajar, podrías usar tu nombre legal en lugar de un alias. 

Eliminados los prejuicios, no habría necesidad de opacidad.


9. Si te toparas a un cliente en público, podrías presentarlos abiertamente a quienes te acompañen (familia, amigos). 


10. «Vengo de una familia orgullosamente trabajadora del ramo sexual. De nacimiento sé lo que es servir al cliente», podrían alardear los políticos en campaña.


11. Tus hijos sabrían a qué te dedicas y nadie los cuestionaría o se burlaría por ello.


12. Los padres de quienes trabajan en esto hablarían con orgullo del trabajo de sus hijos o hijas


13. No podrían negarle empleo a alguien por motivos de género, discapacidad, raza u orientación sexual.

Esto crearía un problema para los empresarios del sexo, puesto que prácticamente no hay demanda para hombres y algunos otros sectores de la población. 

Dado lo anterior, los empleadores tendrían pocos incentivos para contratar a ciertas personas (hombres, personas con discapacidad, etcétera), por lo que se podrían dar casos de discriminación laboral.

En cuanto a los clientes, sería mal visto que rechazaran a un proveedor de servicios por alguno de esos motivos²

² Sólo sería excusable una defensa por motivos de orientación sexual.

14. Independientemente de lo que proceda penalmente, la violación durante horarios laborales sería considerada robo de servicios y la víctima podría proceder legalmente por la vía mercantil.  


15. Sería un trabajo que le sugerirías a tus hijos o, cuando menos, no te molestaría que se dedicaran a eso.


16. Estaríamos discutiendo si los menores de 18 y mayores de 16 podrían legalmente trabajar en este ramo.  


17. Habría más hombres ejerciendo.

Es broma. El trabajo sexual es un sector feminizado, como sucede en la enfermería, el trabajo del hogar, la nutrición y la enseñanza básica. La diferencia está en que los hombres son los principales consumidores del trabajo sexual. De ser así, nos dejaría muy claro que hay un trasfondo sexista, como sucede en los otros empleos mencionados. Cuando una profesión es frecuentemente rechazada por hombres, es porque se asocia con roles que esterotípicamente le corresponden a las mujeres. Entonces cabría preguntarse por qué el trabajo sexual es así y por qué la gran mayoría de clientes son hombres. Esta pregunta es válida incluso ahora que el trabajo sexual no es considerado un trabajo común y corriente. Un atisbo de respuesta, tomado de Ana de Miguel: lo que convierte a una mujer en prostituta es la demanda. De no haber demanda (pero nada, nada), nadie, por sí misma, se ofrecería a prostituirse porque, pues, para qué. En otras palabras, el trabajo sexual no surgió y no subsiste porque a las mujeres les encanta³. Existe porque los hombres están dispuestos a pagar. Por eso no hay tantos hombres que se prostituyen para mujeres: la demanda es bajísima. ¿Y por qué los hombres están dispuestos a pagar, mientras que las mujeres no? Porque se ve como legítimo y normal el que los hombres quieran acceder al cuerpo de las mujeres.

³ Acá no estoy hablando de preferencias individuales. Espero lo hayan notado.

18. Habría compensaciones en caso de que te lesionaras al realizar su trabajo.

A la empresa le saldría carísimo, porque entre el 45 y 75% de quienes trabajan en esa industria han sufrido violencia sexual. Algunas empresas serían clausuradas por no proteger a sus trabajadoras.


19. Quienes realizan el trabajo no sufrirían el Síndrome de Estrés Postraumático ni depresión vinculada a su empleo.


20. No estaría permitido acudir a trabajar en estado de ebriedad o bajo los efectos de alguna droga. 


21. No cumplir con lo que pide el cliente después de haber acordado los servicios, podría ser considerado incumplimiento de contrato.

Esto pondría a los jueces ante una disyuntiva entre el derecho a la autonomía corporal y los derechos del consumidor: ¿cuál pesa más? Aunque probablemente el derecho que prevalecería sería el de la trabajadora, que siquiera existieran casos en el que se tuviera que ponderar ambos, habla de por qué es difícil ver el trabajo sexual como un trabajo cualquiera. 


22. Sería normal que las personas tuvieran sexo frente a otras personas, incluyendo menores.

Si se puede fumar y beber alcohol (actividades destinadas a mayores de edad) frente a niños, lo mismo tendría que aplicar para el sexo, ya que no tendría el mote privado que ahora tiene. 


23. Los amigos y familiares de personas que trabajan en esta industria podrían pedir tus servicios, como sucede en otras profesiones. 


24. Los jefes podrían pedir actos sexuales de sus empleados, independientemente de que no se dediquen al trabajo sexual.

El paralelismo es cuando te piden servir café aunque no seas mesera o funges de chofer aunque tu labor sea otra. Esto, por supuesto, sería más común en empleos mal pagados. 

 Scott Anderson (2002). Prostitution and sexual autonomy: making sense of the prohibition of prostitution.

25. Negarse a prestar servicios a alguien por razones de género, orientación sexual, raza o discapacidad sería motivo de sanción.

Si aplica para otros empleos, tendría que aplicar también aquí. Si bien en la cotidianeidad uno debe poder decidir con quién mantener relaciones sexuales, al tratarse de un empleo eso no aplica. Esto significa que ese derecho a decir que no, es incompatible con el trabajo sexual. 


26. Aplicarían los lineamientos para proteger a trabajadores que manejan fluidos o tejidos potencialmente infecciosos.

Si esos lineamientos existen para trabajadores del Seguro Social, ¿por qué no habrían de existir para quienes están en contacto con semen y otros fluidos o lesiones que podrían infectarlas? ¿Hasta aquí todo suena bien? Veamos. Los lineamientos señalan que hay que utilizar cubrebocas y guantes. Si esto es válido para cuando manejas sangre en tubos, con más razón aplicaría para cuando intercambias fluidos directamente. Ni siquiera bastaría con usar condón, ya que éste no cubre toda el área genital que potencialmente puede ser foco de infección. O encuentras una forma de cubrir toda el área genital, o no se permite. 

Acá no valen argumentos del tipo «si ella quiere correr el riesgo, que lo haga». Jamás le dirías eso a un empleado de hospital. Las normas son para su seguridad y si alguien quisiera pagarle extra por quitarse la protección, denuncia segura después de reírte un rato de tremenda estupidez. Así que o proteges a los trabajadores por igual, o tienes un doble estándar y con ello mandas el mensaje de que hay vidas más dignas de protección que otras.


27. Se normalizaría la idea de que es correcto demandar sexo como condición para el empleo. 

Es decir, se normalizaría el acoso sexual. Si aceptamos que demandar sexo para que puedas acceder a un empleo es acoso sexual, entonces es normal que al ser prostituta estés expuesta a este acoso. Un trabajo que te expone a eso no es un trabajo digno. Ahora bien, se podría tener un doble estándar en el que digas que no es acoso si te dedicas a la prostitución, pero, de entrada, tener un doble estándar es cuestionable.

Supongamos que tenemos ese doble estándar. Entonces no en todos los casos habría acoso, sino sólo en aquellos en los que la mujer no quiera mantener relaciones sexuales con cierta persona, a menos que, de nuevo, queramos tener un doble rasero en el que alguien con quien no quieres estar te exija tener relaciones sexuales. 

Quizá ninguna prostituta se quejaría de esto por considerarlo un gaje del oficio, pero eso no quita que, en la práctica, haya habido acoso. Entonces, lo que para alguien fuera de la industria del sexo es acoso, para alguien que está dentro es normal.

 Lori Watson (2014). Why sex work isn’t work.

28. No sería comparable con la idea de que si no quieres tener relaciones sexuales pero las tienes, es violación.

Y sí lo es. Muchas mujeres se alarmaron por un artículo sobre posiciones sexuales para cuando no quieres hacerlo. A ese acto lo llamaron violación, pero, de alguna forma, si hay dinero de por medio, son incapaces de ver la similitud con la prostitución. Que alguien esté de acuerdo en vender sexo no significa que quiera tener relaciones sexuales con todos los hombres que le pagan por ello. Si la prostitución es su única fuente de empleo, decir que no se vuelve muy costoso. El consentimiento no es un contrato vitalicio en donde si accedes una vez, accedes todas las veces. Si en un momento específico no quieres hacerlo pero lo haces, que te paguen es lo de menos.


Una crítica que podría hacerse a este texto es que en un régimen de legalización, no se permitiría que un tercero empleara a prostitutas como si fuera un empresario. Eso, de entrada, te dice que la prostitución no es como cualquier otro trabajo, ya que en los otros ramos tienes la libertad de formar una empresa y tener empleados. Si no se permite es porque se sabe que tener a tu servicio a mujeres en condiciones de vulnerabilidad (económica, sexual) es la fórmula perfecta para la explotación. Pero esa explotación no viene sólo de los padrotes. También viene de los clientes. La fórmula aplica igual para ellos: al depender económicamente de la prostitución, las mujeres se colocan en una posición de indefensión ante los requerimientos de los clientes. Quienes se pueden dar el lujo de decir que no son sólo aquellas que tienen una red de seguridad. 

Como resulta evidente, ninguno de esos escenarios aborda juicios morales en los que estén en juego ideas sobre cómo debe ser el sexo. Mucho menos son una crítica a quienes ejercen la prostitución. No son, pues, argumentos misóginos, conservadores ni antisexo. Son, más bien, un seguir el desarrollo lógico del argumento de que el trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro. Y los resultados no son positivos. Y es que, ¿cómo podrían serlo? La prostitución existe por un desbalance de poder en el que los consumidores se aprovechan de la violencia económica que enfrentamos las mujeres, para tener acceso a nuestros cuerpos

 Aquí podría haber críticas del tipo #notallsexworkers. Quizá la prima de tu amiga lo hace porque le gusta. Bien por ella, pero el análisis feminista no es sobre Susanita y sus preferencias individuales, sino sobre las mujeres en su conjunto y cómo las estructuras políticas, sociales, económicas y culturales nos afectan.

La imagen fue tomada del sitio del Tate y retocada para fines editoriales:

Walter Richard Sickert
The Camden Town Murder or What Shall We Do about the Rent? c.1908
Yale Center for British Art, Paul Mellon Fund B1979.37.1
©Estate of Walter R. Sickert / DACS