Los juegos del hambre (de la pluralidad)

 Nuevo formato:  entrevista tumultuaria.

Nuevo formato: entrevista tumultuaria.

El verdadero echo chamber de esta elección se reproduce todos los días en televisión abierta y de paga. Lo que parecía en un principio una buena idea de pluralidad, apertura, diálogo y debate democrático, se convirtió al poco tiempo en un pobre espectáculo de acusaciones, manipulación y distorsión de la información con fines electorales. Nada nuevo. Sin embargo, la envoltura con la que los medios presentan este ejercicio «democrático y liberal» no corresponde con la realidad. 


¿Cuántas «mesas de debate» con representantes, voceros y coordinadores de los partidos políticos y/o de lxs candidatxs a la presidencia de México se transmiten todos los días en la tele? ¿Tres? ¿Cuatro? Se juntan casi todos los días en la mesa política de Despierta con Loret, en la mesa de los coordinadores de campaña de López-Dóriga en Grupo Fórmula, en Bitácora Política de El Financiero Bloomberg, en Es la Hora de Opinar de Leo Zuckermann, en Si Me Dicen No Vengo también de López-Dóriga... además de sus apariciones individuales en éstos y otros programas de radio y televisión. Habría que sumar otros programas de análisis político en donde los conductores e invitados actúan de facto como representantes de Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya, esencialmente. No sólo eso, también en este proceso electoral se estrenó un nuevo formato de entrevista tumultuaria en Tercer Grado y Milenio TV, en donde seis o siete conductores se amontonan para tratar de dialogar con lxs candidatxs. 

En más de una ocasión conductores y analistas han celebrado la apertura que hoy existe para poder debatir en tele, algo que antes era de difícil a impensable. Sobre todo lo dicen como para que los jóvenes y millennials valoren estos nuevos tiempos democráticos, aunque dudo que ese público le esté dando seguimiento a sus discusiones. 

Y luego están los canales de YouTube que reproducen en su totalidad o parcialmente estos programas, no sin antes agregar un título llamativo: Tatiana Clouthier pone en su lugar a representantes de PAN PRI y Margarita Zavala, Tatiana Clouthier tunde al PRIAN, Tatiana Clouthier pone en su lugar a Aurelio Nuño al decir que AMLO es el candidato del NO, Tatiana Clouthier despedazó a Javier Lozano !! "DEBATE", Tatiana Clouthier tritura a Aurelio Nuño... por poner algunos ejemplos del entusiasmo que genera, de manera orgánica u orquestada, Tatiana Clouthier. 

Quizá los productores de estos programas pensaron, por lo menos en un inicio, que la idea de invitar todos los días a los representantes de lxs candidatxs sería una muy buena idea para la democracia y los ratings. De los ratings no tengo idea, pero si algo me ha quedado claro después de ver una cantidad ridícula de estas mesas de debate por varias semanas, es que el nivel de debate de este ejercicio constante se asemeja más a lo que hace ESPN que a los encontronazos entre Gore Vidal y William F. Buckley.

 El suéter rosa de Loret, Loret,  los tres amigos  (Juan Ignacio Zavala, Aurelio Nuño y Jorge G. Castañeda), un colado y la tía. 

El suéter rosa de Loret, Loret, los tres amigos (Juan Ignacio Zavala, Aurelio Nuño y Jorge G. Castañeda), un colado y la tía. 

 Bros Being Basic en El Financiero Bloomberg. 

Bros Being Basic en El Financiero Bloomberg. 

La culpa es compartida. La emoción de los medios por la novedad de esta apertura provoca que la pluralidad se lleve a niveles de mame: desde el número desmedido de conductores de Tercer Grado hasta permitir —por pasividad estratégica o incapacidad, da igual— que los representantes digan y se enfrasquen en las mismas estupideces. La necedad de invitar al equipo de El Bronco a esas mesas se entiende en este contexto de pluralidad; lo que no se entiende es que el disparate se normalice y no se cuestione. Dejar que los Anayistas y Meadistas reciten, una y otra vez, que López Obrador esto y López Obrador lo otro se entiende en este contexto de pluralidad; lo que no se entiende es que los conductores actúen como agentes de tránsito que sólo dan el pase a quien le toque hablar.

Por otro lado, los voceros y/o coordinadores poco dicen (o dicen mucho, en el caso de Antonio Attolini) para hacer de este ejercicio uno medianamente interesante... pero no por eso deja de ser morboso, incluso entretenido. Insisto, no tengo idea qué tanto se ven estos segmentos, quiero suponer que hay una audiencia nicho (¿simpatizantes politizados y gente afín al periodismo?); para nosotros, se trata de un guilty pleasure. Ver la manera robotizada en que los priistas se expresan, es todo un espectáculo: ahí está Paul Ospital, invitado recurrente de la mesa de debate de los voceros jóvenes, todo un mini me de Peña Nieto, con sus ademanes y expresiones de la nueva-siempre-vieja escuela del PRI.  Espectáculo aparte es ver a los Anayistas, tanto invitados como conductores, simular un diálogo crítico: el colmo llega cuando Jorge G. Castañeda se presenta tanto como analista como coordinador de campaña. Las maromas verbales y mentales de los AMLOistas, tratando de explicar, ampliar y clarificar lo que el candidato dijo, no dijo y dirá, es el equivalente a leer un pie de página con mayor extensión que el mismo ensayo. 

Una especie de best of de la participación de Paul Ospital, la nueva oratoria priista.

Conceptualmente, las mesas de debate de voceros y representantes parecen una buena idea. Sin embargo, en la práctica han resultado contenido de relleno para noticieros y programas de análisis político, buen material tuiteable para acentuar el echo chamber. En esta nueva apertura política en los medios, la pluralidad se presenta como un gimmick televisivo para palomear el renglón de «Debates y diálogo plurales» en la lista de pendientes.