La ciudad se desarrolla como un collage de piezas sin cohesión, como un barco sin un rumbo claro, cuyos nuevos proyectos no contribuyen a reforzar o formar una narrativa de ciudad, presentándose como esfuerzos aislados que difícilmente solucionarán sus problemas. Ante este panorama se plantean dos ejercicios a manera de escenarios hipotéticos, cada uno de ellos se enfrenta de diferente manera al tema de la negociación entre las necesidades actuales y la preservación histórica de la ciudad. Fantasmas arquitectónicos aborda el tema de la recuperación del imaginario del patrimonio perdido una vez que éste ya ha dejado de existir; Icnita urbana propone proteger la memoria del patrimonio existente que está en riesgo.


De acuerdo a los especialistas en antigüedades, la cerámica china cuenta con una característica que la hace muy peculiar. Debido a las propiedades de su arcilla y a su método de elaboración, es necesario continuar utilizándola para la preparación y consumo del té, para desarrollar en ella una pátina que ayude a evitar la generación de grietas; la necesidad de este proceso es tal, que incluso los grandes artesanos decían que entre más se utilizara una tetera, más hermosa ésta se volvía.

Cada vez que una persona prepara y toma té de estos juegos, no solamente está consumiendo una bebida o teniendo una experiencia especial en el proceso, sino que también está contribuyendo a preservar estos objetos que, bajo un buen cuidado, pueden llegar a durar varias generaciones.

La arquitectura tiene un comportamiento similar al de estas tazas. Entre más se utiliza un espacio más valor adquiere, ya que como lo señalaba Bruno Taut, la arquitectura no es sólo el objeto sino también la gente que lo ocupa.

Siguiendo esta analogía, si la arquitectura es el objeto (la taza), la memoria y el imaginario colectivo de sus ocupantes son el contenido (el té).

Que no quede huella... El antiguo centro de Monterrey vs "La Gran Plaza", la Macro.

Que no quede huella... El antiguo centro de Monterrey vs "La Gran Plaza", la Macro.

Yuxtaposición y memoria. 

Yuxtaposición y memoria. 

Sustitución → Progreso

  • 1914. Antonio I. Villarreal ordena demoler el antiguo convento de San Francisco, el edificio más antiguo de la ciudad de Monterrey, por considerarlo parte de un pasado reprobable del cual era necesario desvincularse.

  • 1952. A raíz de la canalización del río Santa Catarina, el gobernador Ignacio Morones Prieto demuele el puente de San Luisito, el puente-mercado que conectaba el barrio del mismo nombre con el centro de la ciudad.

  • 1982. El gobernador Alfonso Martínez Domínguez inicia la construcción de la Macroplaza, para la cual son demolidos decenas de edificios antiguos del primer cuadro de la ciudad.

  • 2014. El Tec de Monterrey presenta el proyecto de regeneración DistritoTec, el cual contempla la demolición de edificios del plan maestro original del arquitecto Enrique De la Mora y Palomar, como lo es el Estadio Tecnológico. 


¿Cómo conciliar la parte patrimonial de la ciudad con sus necesidades de progreso?

Desde mediados del siglo XIX, la ciudad de Monterrey se ha caracterizado no sólo por un fuerte proceso de industrialización, sino también por inculcar en sus ciudadanos un ideal de trabajo y un deseo constante por tener un mayor desarrollo.

Actualmente, la ciudad se encuentra en un momento en el que busca reinventarse para poder satisfacer una serie de apremiantes necesidades económicas y sociales. En este proceso de cambio, que se ve reflejado en nuevos planes y proyectos de regeneración urbana, así como en un boom inmobiliario, hemos decidido plantear la siguiente pregunta: ¿cómo conciliar la parte patrimonial de la ciudad con sus necesidades de progreso?

En la ciudad existe una disyuntiva entre dos posturas que deberían estar negociando: los actores que buscan el desarrollo tecnológico para satisfacer las necesidades actuales de la ciudad –aunque tengan que reemplazar lo existente para lograrlo– y aquellos que buscan preservar los edificios que poseen un valor histórico –por lo que representan para la identidad y el imaginario colectivo de sus ciudadanos–.

Si en una negociación las distintas partes involucradas tienen el mismo peso durante el tenso proceso para llegar a una resolución final, ¿existe en Monterrey un verdadero diálogo entre las dos partes?

¿Qué está en riesgo al no ejercerse esa negociación? Si se piensa en que las necesidades de una ciudad están siempre en constante evolución, seguir sólo un modelo de cambio y transformación sin tener una visión clara de hacia dónde se va o qué es lo que se quiere lograr, puede traer consigo una grave crisis urbana en términos de identidad y consolidación de la ciudad.

Estos riesgos cobran mayor dimensión cuando se trata de una ciudad como Monterrey –la tercera con mayor población en el país⁶, la segunda con mayor aporte a la economía nacional⁷ y con una posición geográfica estratégica con los Estados Unidos–, ya que cuenta con una proyección nacional e internacional que la hacen un referente –sobre todo en la parte norte del país–, en las acciones u omisiones respecto al tema.

 

Alzheimer patrimonial

Dentro de este proceso de reinvención, actualmente se están desarrollando una serie de proyectos de diferentes escalas en distintas partes de la ciudad, los cuales buscan cambiar la manera de interactuar de los ciudadanos en los lugares donde se ubican.

Bajo el liderazgo de comunidades vecinales organizadas, institutos de planeación municipal, instituciones educativas e iniciativa privada, han surgido nuevos distritos o polígonos de actuación en los cuales se busca regenerar la calidad de vida y del espacio público en zonas que van desde barrios históricos y tradicionales (como el de la Purísima, el de la Luz y el del Chorro), hasta proyectos con gran inversión económica (como el DistritoTec y el Distrito Valle Campestre).

Ambiciosos proyectos de usos mixtos se están construyendo en diversas zonas del Área Metropolitana, vendiendo a los habitantes la idea de formar parte de nuevas micro-ciudades en las que se desarrolla un nuevo estilo de vida más urbano. Vía Cordillera, en Santa Catarina, con sus 14 hectáreas; Arboleda, en San Pedro Garza García, con sus 10.5 hectáreas; y Nuevo Sur, en Monterrey, con sus 16.2 hectáreas, son sólo algunos ejemplos de ello.

La ciudad se desarrolla como un collage de piezas sin cohesión, como un barco sin un rumbo claro.

Estos nuevos desarrollos, que se describen a sí mismos como «el urbanismo inteligente» o «el nuevo corazón de la ciudad», se presentan como lugares nuevos, diferentes y completamente desvinculados del pasado. Al estar ubicados en su mayoría en lotes de reconversión industrial, es difícil apreciar si se respetan algunos elementos o espacios de los proyectos originales, tal y como se hizo con las chimeneas industriales de ASARCO en el proyecto residencial de Céntrika, en la zona centro de Monterrey.

A pesar de que existe un Reglamento del Patrimonio Histórico y Cultural de Monterrey, cada vez se documentan más edificaciones en su centro histórico que, por una falta de mantenimiento o por un daño creado intencionalmente, colapsan por su gran deterioro, o bien, son demolidas para su reemplazo por edificios más rentables.

En contraste con esta situación, en términos de conservación de edificios históricos, desde la conversión de la antigua Estación del Golfo a Casa de la Cultura en 1975, se ha comenzado a valorar el patrimonio arquitectónico de Monterrey. De esta manera, se han logrado avances significativos como el nombramiento en 2013 del Parque Fundidora y del Horno 3 como “patrimonio mundial” por parte del World Monuments Fund, así como el establecimiento en 2014 del Día del Patrimonio de Nuevo León.

No obstante, se ha buscado compensar un sentimiento de inferioridad histórica por tener un pasado o una identidad diferente en comparación con otras ciudades importantes del país, como la Ciudad de México y Guadalajara. Es por esto que se han favorecido ideas y modelos provenientes del extranjero, como el Fórum Universal de las Culturas traído de Barcelona en el 2007, así como obras como el CECUBI, en la colonia Independencia, basadas en los Parques Biblioteca de Medellín. A pesar de que estos modelos han contribuido a enriquecer la personalidad de la ciudad, dificultan una definición clara de su identidad.

La ciudad se desarrolla como un collage de piezas sin cohesión, como un barco sin un rumbo claro, cuyos nuevos proyectos no contribuyen a reforzar o formar una narrativa de ciudad, presentándose como esfuerzos aislados que difícilmente solucionarán sus problemas.

Dentro de estos nuevos esfuerzos de reinvención de Monterrey, nos vemos en la necesidad de realizar las siguientes preguntas: ¿cómo pretendemos regenerar la ciudad sin antes conocerla? ¿Cómo tomar en cuenta el imaginario colectivo de sus habitantes para este proceso?

En palabras del arquitecto mexicano Mario Pani, sin memoria urbana no hay regeneración válida:

«El propósito de regenerar las ciudades puede parecer utópico en un mundo pragmático que usa y desecha, que no conserva ni recuerda. [...] padezco de un optimismo crítico, el cual me permite buscar la modernidad y señalar lo que merece regeneración en las ciudades, así como preservación, de sus valores históricos, pues sin memoria urbana no hay regeneración válida». 

Erradicar la huella de las distintas edificaciones que guardan un símbolo o una importancia para el imaginario colectivo de sus habitantes, confina su trascendencia a la fragilidad de la memoria humana, perdiéndose de generación en generación hasta llegar a un punto en el que la historia misma de la ciudad pareciera nunca haber existido. Además, la falta de patrimonio imposibilita las herramientas suficientes que una ciudad necesita para llevar a cabo un diagnóstico efectivo sobre las verdaderas causas de sus problemas, o bien, de las pistas para resolverlos.

 

Herramientas de negociación

En base a lo anterior, se han decidido plantear dos ejercicios a manera de escenarios hipotéticos. Cada uno de ellos se enfrenta, de diferente manera, al tema de la negociación entre las necesidades actuales y la preservación histórica de la ciudad. El primero, Fantasmas arquitectónicos, aborda el tema de la recuperación del imaginario del patrimonio perdido una vez que éste ya ha dejado de existir; el segundo, Icnita urbana, propone la protección de la memoria del patrimonio existente que está en riesgo.

Más que una serie de ejercicios nostálgicos, se pretende que a través de estas diferentes aproximaciones, se generen reflexiones y nuevas maneras de entender y habitar la ciudad en la que vivimos. Además, al generar un sentimiento de pertenencia de los habitantes para con su ciudad, se busca lograr una revalorización de su patrimonio, para eventualmente llegar a tener una verdadera negociación entre las dos distintas posturas.

 

Fantasmas arquitectónicos

Dentro del folclor universal, un fantasma es una alma en pena, un ser con cuentas pendientes tratando de decir algo que no pudo expresar en vida. Generalmente se asocia a personas que tuvieron una muerte prematura o traumática. El fantasma deambula en los lugares que acostumbraba frecuentar, intentando terminar lo que no pudo. ¿Qué pasa cuando un edificio tiene una muerte prematura o traumática? ¿Podría resurgir de manera fantasmagórica para contarnos las historias que no alcanzó a contar?

Imaginemos un experimento con bases históricas, en el que a través de una intervención temporal de un sitio con una instalación artística-arquitectónica, se pudiera recuperar una idea de lo que dicho lugar alguna vez fue o albergó; no con un objetivo nostálgico, sino como una manera interactiva de comunicar a las nuevas generaciones parte de su identidad, generando al mismo tiempo nuevas dinámicas de interacción social en el espacio público. Todo esto, con la finalidad de responder las siguientes preguntas: ¿qué hacer con el patrimonio o los elementos históricos de la ciudad que ya se han destruido? ¿Cómo generar nuevas dinámicas sociales en un espacio que ya se da por hecho?

La Macroplaza, el gran proyecto de la década de los ochenta –que sustituyó varias manzanas con edificaciones históricas del primer cuadro de la ciudad para abrir espacio a lo que hoy es una gran plaza pública–, ha sido objeto de varios proyectos de modificación e intervención por parte del sector público y de varios arquitectos, pues se percibe que está fuera de escala humana y libre de cualquier función o programa.

En este primer ejercicio se plantea la realización de una intervención artística temporal en distintas partes de la Macroplaza. A través de la reconstrucción virtual y en escala real de las edificaciones que alguna vez tuvo, así como de una parte de su programa original, se busca generar nuevas dinámicas para utilizar el espacio público, basadas en la historia e identidad de la ciudad misma.

Si se seleccionara uno de los edificios demolidos por la Macroplaza y se realizara una instalación temporal en el lugar exacto donde éste se encontraba, recuperando no solamente su volumetría original sino también parte de su uso o programa, sería posible crear una nueva activación que fomentara una mayor interacción entre el espacio público y sus usuarios, divulgando al mismo tiempo la importancia que dicho espacio alguna vez tuvo para la ciudad.

Un ejemplo de lo anterior podría suceder con el Cine Elizondo, ícono del centro y uno de los cines de mayor importancia en la ciudad, que contaba con un peso peculiar en el imaginario colectivo de sus habitantes por su arquitectura neo-oriental. Imaginemos que en el lugar en el que se encontraba dicho cine se realizara una instalación que, además de recrear su volumetría, permitiera proyectar películas al aire libre. ¿Qué tipo de reacciones generaría entre los usuarios regulares de este espacio? Repitiendo este mismo ejercicio con otros edificios simbólicos del centro que también fueron demolidos, se podrían generar otro tipo de activaciones, ocasionando reacciones completamente distintas entre los ciudadanos.

Aparición fantasmagórica, temporal, del Cine Elizondo en la Macroplaza.

Aparición fantasmagórica, temporal, del Cine Elizondo en la Macroplaza.

Si la función principal de los espacios públicos es la de convertirse en puntos de encuentro y conocimiento para los distintos estratos sociales que conforman una sociedad, estos experimentos temporales podrían aportar nuevas pistas e indicios sobre cómo resolver diversos espacios que no funcionan actualmente, teniendo, además, como un efecto colateral la reactivación o regeneración de la vida o actividad humana de una zona.

Por otro lado, al ligar un espacio público como la Macroplaza al imaginario colectivo de sus habitantes, éste podría adquirir un valor y riqueza único, que ayudarían no sólo a su preservación, sino también a seguir reinventándolo a través del tiempo

 

Icnita urbana

En el año de 1990, la ciudad de Atlanta tuvo la necesidad de construir una serie de infraestructuras para albergar el evento más importante de su historia: los Juegos Olímpicos de 1996. El viejo estadio de béisbol con el que contaban, no tenía la capacidad suficiente para albergar las ceremonias de inauguración y clausura, así como los eventos de campo y pista. Sin embargo, construir un nuevo estadio exclusivamente para este evento representaba para la ciudad una fuerte inversión en una infraestructura que un mes después quedaría sin uso alguno.

El Comité organizador optó entonces por construir un nuevo estadio de béisbol que sustituyera al existente, con una mitad preparada para desmantelarse una vez finalizado el evento, teniendo así un nuevo estadio con la capacidad suficiente de acuerdo a sus necesidades reales. Gracias a este nuevo proyecto, el viejo estadio tendría que demolerse para convertirse en estacionamiento.

Ésta no fue una demolición cualquiera, dada la importancia histórica del edificio, se decidió conservar algunos elementos y referencias que recordaran lo que alguna vez existió, tanto la parte que se desmanteló del nuevo estadio como del estadio original. En el sitio se dejó la base de las columnas de la adición removida, y en el nuevo estacionamiento, se señaló el exacto lugar en donde se encontraba el diamante del antiguo estadio.

Recuerdos-de-una-ciudad-amnesica-4.png

Todo esto plantea la pregunta, en los casos de una inevitable pérdida del patrimonio, ¿cómo cumplir con las nuevas necesidades y respetar al mismo tiempo la importancia y el simbolismo que cada proyecto guarda en el imaginario colectivo de una ciudad? Respeta y preservar sólo ciertos elementos de la edificación original, ¿puede conservar su valor? Si las huellas o icnitas de los dinosaurios nos ayudan a entender e investigar cómo es que estaban conformados estos enormes animales, ¿por qué no pensar en los elementos arquitectónicos como las huellas que se estudiarán en un futuro?

De acuerdo a Peter Smith, el territorio urbano es prestado a cada generación ya que mientras sus residentes y edificios son temporales, la idea e identidad de la ciudad permanece. En este sentido, la arquitectura llega a convertirse en el almacén simbólico de los recuerdos y momentos importantes de sus habitantes. A pesar de que el imaginario colectivo es independiente del patrimonio histórico, la relación entre ambos pudiera perderse en el momento en que el segundo deja de existir. Y es que pareciera que cuando de intervenciones y regeneraciones urbanas se trata, Monterrey sigue al pie de la letra la estrofa de uno de sus grupos musicales más reconocidos:

«Que no quede huella, que no y que no»
— Bronco

Tomemos como ejemplo el Estadio Tecnológico de Monterrey, pronto a demolerse como parte del proyecto de regeneración del DistritoTec de acuerdo al plan maestro de Sasaki Associates. A pesar de ser una infraestructura privada, por el simple hecho de ser un estadio se convierte en un espacio público por excelencia, pues es uno de los pocos lugares en donde sin conocerse, el rico y el pobre pudieron abrazarse sin pensarlo dos veces para festejar el gol del equipo local de futbol. Si bien es cierto que, estructuralmente hablando, la vida útil del edificio quizá haya llegado a su fin, es imposible negar que esta edificación guarda una especial importancia para todas las generaciones que en ella han vivido finales, títulos y hasta partidos de copa del mundo.

Foto aérea del Estadio Tecnológico. | Propuesta de Parque Central y otros edificios como parte del proyecto DistritoTec. 

Foto aérea del Estadio Tecnológico. | Propuesta de Parque Central y otros edificios como parte del proyecto DistritoTec. 

El nuevo proyecto de Sasaki Associates contempla demoler el estadio actual para construir en su lugar un parque central, un centro cultural, tres edificios de investigación y desarrollo, tres edificios de residencias, un centro recreativo y un edificio administrativo. A pesar de que algunos de estos edificios siguen conservando un carácter público y que inclusive incluyen estrategias sostenibles como la captación de agua pluvial, ¿por qué no pensar en que, como sucedió en Atlanta, se pudieran conservar algunos de los elementos del planteamiento del estadio original?

Imaginemos que la huella del edificio actual se sobrepusiera sobre el nuevo plan maestro, pero que en vez de solo cortar los nuevos edificios para crear volumetrías caprichosas y poco funcionales, esta huella tuviera un impacto directo en el espacio público.

Imaginemos que el peso simbólico de este estadio generara un hundimiento real del terreno sólo en la exacta huella en donde se encontraba el edificio, creando una plaza en pendiente, similar a la de la Piazza del Campo en Siena, Italia. Este simple gesto haría posible generar un espacio público único, que al retomar la idea de la grada y del talud, tendría la capacidad tanto de crear nuevas interacciones con sus futuros usuarios, como de satisfacer necesidades actuales como la captación de agua pluvial.

Intervenciones como ésta, o la creación de una plaza en el exacto lugar y con las mismas dimensiones del centro de la cancha de fútbol, quizás no significarían una gran modificación al plan maestro de la universidad; sin embargo, por emplazar de manera diferente algunos edificios, modificar de manera parcial su volumetría, o por realizar un trabajo de paisaje más detallado, se contribuiría no sólo a conservar una idea de la espacialidad de algunas zonas muy emblemáticas (como la de la herradura), sino también a dar una idea de la escala real del edificio desaparecido

Ejercicio imaginario: la huella del Estadio Tecnológico como parte de la nueva propuesta de DistritoTec para un parque central y otras áreas público-privadas.

Ejercicio imaginario: la huella del Estadio Tecnológico como parte de la nueva propuesta de DistritoTec para un parque central y otras áreas público-privadas.

Plaza en pendiente. Piazza del Campo en Siena, Italia.

Plaza en pendiente. Piazza del Campo en Siena, Italia.

El valor histórico es lo que hace posible crear espacios públicos únicos, con gran significado y simbolismo para sus habitantes, que sin olvidar los objetivos y necesidades actuales, pueden ayudarles a recordar lo que en cierta etapa de su historia fue significativo para ellos.

«La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar».
— Octavio Paz

Negar la legibilidad de las distintas intervenciones históricas y capas de una ciudad, dificulta entender el recorrido que ésta acumula, dejando a las intervenciones sin un rumbo claro a seguir, sin elementos de referencia en la ciudad, sin hitos. Porque una ciudad que no tiene símbolos o elementos especiales para sus habitantes, se convierte en una ciudad sin identidad, en una ciudad genérica.

 

La taza y el té

Ante una clara carencia de una negociación equitativa entre las dos distintas posturas, surgen entonces las siguientes preguntas: ¿Qué tan vulnerable es el patrimonio arquitectónico de la ciudad actualmente? ¿Podría un gran desarrollador privado, un nuevo proyecto vial o un cambio de gestión municipal o estatal ponerlo en riesgo? ¿Tiene esta ciudad algún patrimonio que sea claramente intocable?

Si no se ha podido dar una respuesta a las preguntas anteriores, es debido a que los habitantes no han logrado entender la relación existente de su cultura e identidad con su patrimonio construido. Por otro lado, los arquitectos no han logrado relacionar sus nuevos proyectos con la identidad de los habitantes. Nada trasciende, no hay propuestas de valor que vayan más allá de la novedad.

Los resultados y las nuevas ideas que se desprendan de la puesta en práctica de los ejercicios aquí propuestos, podrían dar una guía a los nuevos proyectos de cambio en la ciudad, ya que a través de su fundamentación con lo que es o fue importante para sus ciudadanos, será posible ayudar a conformar y consolidar una nueva identidad urbana.

Para conciliar la parte patrimonial de la ciudad con sus necesidades de progreso se necesita revalorizar su patrimonio, de manera de que sea posible verdaderamente entablar una negociación justa que haga posible preservar ese valor e identidad únicos de la ciudad. Ya que a final de cuentas, no es tanto la taza o el té que contiene, sino la experiencia de vivir las dos cosas juntas lo que hace valioso disfrutar este evento, contribuyendo así, a lograr su preservación.

 

Una versión resumida de este ensayo se publicó anteriormente en el primer número (Negociaciones) de la revista Carnem


Fuentes

CONAPO (2010). Delimitación de las zonas metropolitanas de México 2010.  

CONARTE (2014). Día del Patrimonio de Nuevo León 2014.

Córdova, F. (2015). El efecto termita. Reporte Índigo.

Coronado, S. (2014). Construyen complejo de $17,000 millones. El Horizonte.

INEGI (2014). Resultados preliminares Censos Económicos 2014.

ITESM (2014). DistritoTec.

Landa, P. (2012). Monterrey en el espejo. Crónica de sus habitantes, monumentos y espacios públicos. Fondo Editorial de Nuevo León.

López, G. (2014). Compromisos con la memoria. Navegando la Arquitectura.

Pani, M. (1990). Universidad de Columbia, Nueva York, EEUU.

Pelli Clarke Pelli Architects (2015). Arboleda Master Plan.

Smith, P. (2012). City. A guidebook for the urban age. Bloomsbury Publishing.

Telediario (2013). Nombran "patrimonio mundial" al Parque Fundidora y Horno 3.

Urbanismo: Una Súper ciudad creada con Urbanismo Inteligente. (2012) Arq.com.mx