¿Idiotizados?

Atrapados entre la telebasura y la payasada política, el regiomontano es bombardeado por contenidos que parten de la suposición de que nos gusta revolcarnos en la mierda.

 

 

La primera noche que dormí en Monterrey, durante el verano del año 2000, un simpático personaje se encargó de cerrar la programación del canal de televisión que había sintonizado a medianoche. Haciendo un ademán medio chistoso, un viejito regordete y de cabellera blanca dijo: «¡Es... todo amigos!». Después, con el paso de los días, comprendí que se trataba de uno de los personajes centrales de la cultura de la televisión regiomontana, un periodista deportivo que se ha dedicado a agitar los ánimos de aficionados del futbol local y regional, aparentemente con fines entretenidos. 

Por un tiempo no pude dejar de ver aquel espectáculo de lunes a viernes a las dos de la tarde. Pasé de la perplejidad al disfrute morboso. Caí. ¿Cómo no caer? Recién desempacado de un suburbio mexiquense, una especie de municipio dormitorio de la Ciudad de México, aquello resultaba curioso y hasta folclórico; primero, la provocación: los Rayados esto, los Tigres lo otro y el Llantos aquello; después, la hoguera pública: llamadas del público se enlazaban al aire para el regodeo de todos pero particularmente del conductor, Roberto Hernández Jr. (Don Rober); después, la mofa: entre más limitado e incendiario el mensaje del aficionado, mejor para el engagement

El formato del programa serviría como una especie de introducción a la dinámica de contenidos de la televisión y radio local... apenas un tentempié de algo que se pondría mucho, mucho peor: de la cosificación de la mujer y la vulgaridad (Ernesto Chavana, Cepy Boy, Los Manríquez, Pancholo), a la trivialidad y la desinformación (Maria Julia la Fuente y Héctor Benavides). 

El desprecio por la inteligencia, el esmero por rebajarse cada vez más y la mofa como recurso facilón ante la falta de creatividad y talento, como base de los contenidos de este tipo de programas. 

A estas alturas, Don Rober resultó de lo más “decente” de una barra de contenidos que, en el peor de los casos, legitima y promueve el acoso sexual. A ese nivel. La programación de la telebasura local es motivo de burla nacional e internacional. Cualquier visitante de la ciudad que sintonice el Canal 12 a la medianoche podría irse con la finta de que ese es el tipo de contenidos que le gusta consumir al regiomontano. Habría que decirle a ese visitante imaginario, más como un mecanismo de defensa que como justificación, que eso es lo que nos han recetado los empresarios de los medios motivados por una trastornada hambre de rating.   

Aunque no es un fenómeno exclusivo de Nuevo León, vale la pena reflexionar y cuestionar si la producción de estos mensajes tiene repercusiones en otros ámbitos porque, al parecer y a juzgar por su permanencia, la audiencia regiomontana los sigue consumiendo en masa. ¿De qué manera se interiorizan, normalizan y se extienden estos mensajes a otras esferas? No es cosa menor los casos que se han ventilado de acoso aquí y en otras partes del país; las palabras importan y el uso frecuente de frases y albures en este tipo de programas de radio y televisión, ayudan a normalizar y fomentar actitudes que no deberían tener cabida en nuestra sociedad.

Esa desfachatez ha probado ser popular; es decir, hay un público que espera escuchar y ver ese tipo de cosas (por algo continúan al aire). Pero también es cierto que poco o nada se ha hecho al interior de los medios de comunicación para revisar, retirar y/o proponer nuevos contenidos con otro enfoque de entretenimiento. Ahora, ¿no será que esa desfachatez es contagiosa? Resulta peligroso creer que esa es la única manera “eficiente” de llegar a un gran sector de la audiencia. Es decir, asumiendo que el regiomontano es idiota. Nadie más vulnerable y con las defensas más bajas para atrapar ese tipo de contagios que los creativos de la publicidad, pero sobre todo aquellos involucrados en la mercadotecnia política. ¿Tendrá algo que ver con el pobrísimo nivel de debate público en Nuevo León? La pregunta creo que es pertinente porque algunos de los funcionarios, políticos y figuras públicas con mayores niveles de popularidad o reconocimiento mediático, parecen salidos de un spin-off inspirado, aunque más moderado, de ese guión. 

¿Quienes son los personajes públicos que mayor cobertura tienen en los medios? ¿Quiénes son los que generan más notas por la manera sui generis en que dicen y hacen las cosas? A falta de un estudio cuantitativo y cualitativo, propongo el siguiente listado mental, sin jerarquía alguna: Samuel García, Gilberto Lozano, Mauricio Fernández y Jaime Rodríguez Calderón.

El Bronco es quizá el personaje más pintoresco de la escena política regional. Algo debe saber Guillermo Rentería, su publicista y mastermind detrás del concepto. Hoy El Bronco se ha convertido en una caricatura de Jaime Rodríguez Calderón, lo que le da carta abierta a decir, literalmente, cualquier cosa sin importar el contexto en el que se encuentre. Muy a la Trump, por cierto. 

Tan solo el mes pasado, en el Real Estate Business Summit Monterrey 2017, fue nota por hablar de todo menos de real estate: fijó postura sobre la familia “natural”: «Creo en ese principio de la familia, creo en el matrimonio no en las otras zonceras. El matrimonio es hombre mujer, punto»; también fijo postura sobre su visión del “asistencialismo”, a.k.a. las política sociales que promueve Andrés Manuel López Obrador: «Tu dinero compadre, que estás produciendo, el gobierno lo reparte pal huevón, pal que no trabaja, pal que no hace nada»; y como pilón, ventiló un problema de seguridad del estado: «En el estadio (en la final que jugó Tigres) tuvimos que tener 2 mil elementos, la mitad de nuestra Policía, dejamos la mitad de la ciudad sin seguridad». 

La estridencia de Gilberto Lozano, la figura detrás del Congreso Nacional Ciudadano, ha provocado una reacción en cadena: la idea de que el ciudadano tiene la razón por el simple hecho de serlo. Y en base a ese derecho “original”, se puede gritonear, manotear y exigir, muchas veces sin información ni razón. Esta idea de la “bondad y sabiduría ciudadana” tiene eco en las redes sociales, ejemplo de ello es el grupo Salvando San Pedro en Facebook. En un momento en donde necesitamos del brazo ciudadano para exigir, denunciar y señalar, también necesitamos hacer una profunda autocrítica. La contraparte de esta actitud es personificada por el alcalde de San Pedro Garza García, Mauricio Fernández; ante su prepotencia y cerrazón, se ha creado un vacío de acuerdos que tiene al “municipio modelo” en una constante confrontación. Confrontación que figuras como Samuel García, diputado de Movimiento Ciudadano, pretende aprovechar con una campaña condescendiente de redes sociales, videos, hashtags y propuestas grandilocuentes (como su idea de transformar el río Santa Catarina, un proyecto complejo que se debe discutir ampliamente y que banaliza bajo el concepto más amistoso de “Consulta Popular”). 

Mi apuesta es a que no, no nos gusta revolcarnos en esa mierda.