¿Es ‘la hora de opinar’? (2)

Después de un agitado proceso electoral, estamos cerrando 2018 con la extraña idea de que Twitter es una especie de megáfono de lo que piensa y opina la población en su conjunto.

Arte:  Su Hyun Kim

Al momento de escribir esto, #FelizJueves destaca como el trending topic más popular de México con 38.5K Tweets. Es temprano, no son ni las 11am y el ranking de topics seguramente cambiaría o se abultará conforme sucedan cosas en el día. Se podría suponer que el hashtag tiene una connotación positiva, pero esto es Twitter y la verdad es que se usa para cualquier cosa (desde realmente desear un feliz jueves, hasta para vender, poner porno o atacar alguna posición política desde el sarcasmo).

Este fue el primer tuit que me salió al darle click a #FelizJueves:

 
Nótese que el tuit fue publicado con 15 horas de anticipación, es decir, un día antes. Cuenta mañosa,  trending topic savvy .

Nótese que el tuit fue publicado con 15 horas de anticipación, es decir, un día antes. Cuenta mañosa, trending topic savvy.

 

La cuenta es descaradamente pro-AMLO y anti-PRIAN. Con un simple scroll se descubre una agenda anti-fifí totalmente volcada hacia la 4T. Lo que más me sorprende (o no 🤷🏻‍♂️) es que a @AntiTelevisaMx la siguen cuatro cuentas de conocidos.

Como ya confesé anteriormente, buena parte de mi tiempo libre la dedico a ver mesas de opinión, debates y programas noticiosos; otra buena parte de mi tiempo se me va en redes sociales opinando y criticando lo visto, escuchado o leído. No estoy solo, la esquizofrenia mediática es compartida.

Aclarado esto, puedo justificar la siguiente anécdota mediática. Durante el proceso electoral de 2018, varias veces vi fragmentos del programa de radio de López-Dóriga en YouTube (la obsesión era/es canija). No recuerdo si también lo hizo en ese programucho que tiene en ForoTV (el del nombre horrible), seguramente sí, pero lo que me viene a la mente es una de las secciones más anticuadas y estúpidas que he visto en medios nacionales: análisis de redes sociales y trending topics. A su programa llegaba un “experto” en redes sociales con un mapa de la conversación tuitera, con los temas que generaron más menciones y cosas del estilo. Nunca entendí por qué López-Dóriga le daba tanta importancia o por qué lo consideraba como una especie de ciencia exacta como para invitar, y muy probablemente no de a gratis, a un “experto”.

Supongo que es algo muy señorial eso de tratar de interpretar lo que dicen las redes, como si pudieran tomarle el pulso a la república. También supongo que es algo muy señorial de comunicador que quiere ser trendy eso de pagarle a un “experto” para mapear los temas de conversación en las redes. (Si mal no recuerdo, hasta Aristegui lo hacía con el hijo de Federico Arreola). Que #FelizJueves esté en el primer lugar de los trending topics mexicanos no nos dice nada. Si hoy hiciera erupción el #Popocatépetl, obviamente el tema generaría tal nivel de conversación en Twitter que desbancaría a #FelizJueves. Además, sucedería el mismo fenómeno: muchas cuentas aprovecharían la popularidad del hashtag para colarse en la conversación con una agenda marketera, pornográfica o política (que puede ir de lo clasista, racista y elitista, hasta la dicotomía anti y pro AMLO).

Con todo el ruido y la basura que hay en Twitter (bots, trolls, cuentas falsas de personas y medios “alternativos” que esparcen fake news, además de acosadores y otras escorias), me parece una tontería elevar lo que ahí se dice a una especie de vox populi que puede ser medido. Este acercamiento a las redes sociales parece más una extensión de la obsesión mediática por las encuestas que a un esfuerzo por realmente entender la influencia que tienen en la población.

Habemos quienes tenemos el colmillo lo suficientemente afilado como para detectar a una cuenta falsa o con agenda (pagada o propia), pero evidentemente hay usuarios que no saben distinguir entre una ingenua sacada de cobre o una andanada de tuits con agenda, o peor, distinguir entre una página falsa de una medianamente bien establecida; desarrollar esta habilidad a lo mejor tiene que ver con un antecedente de “buenos” hábitos de consumo de información y, claramente, no todos lo tienen.

 
Arte:  Su Hyun Kim
 

Después de un agitado proceso electoral, estamos cerrando 2018 con la extraña idea de que Twitter es una especie de megáfono de lo que piensa y opina la población en su conjunto. Y pues sí, se han evidenciado posturas elitistas, clasistas, racistas, xenófobas, ignorantes, violentas y misóginas en la sección de comentarios y en las discusiones tuiteras, exponiendo vicios de una sociedad que está ansiosa de discutir y exponer puntos de vista. Pero de eso a tratar de ver tendencias de opinión sobre acontecimientos políticos y/o nacionales, no sólo me parece arriesgado sino inútil. Si acaso, las redes sociales han servido para evidenciar formas de pensar de amigos y conocidos que deciden publicar alguna opinión aislada, o bien, que se montan en el tren de alguna de las controversias que se llegan a viralizar en trending topic, acaparando así la discusión (aunque de forma efímera).

Por otro lado, que un amigo o conocido publique una opinión estúpida o con el tono de alguno de los vicios antes mencionados, pues, medio se entiende; estamos como sociedad aprendiendo a estirar el músculo de la opinión, en pleno auge de desconfianza mediática y de las instituciones del viejo regimen. Pero la cosa cambia cuando se trata de una figura pública, peor cuando se trata de algún comunicador o periodista. La RicardoAlemanización del uso de Twitter abona a la confusión y a la desinformación, bueno, mejor dicho a informarse de manera sesgada. No estoy diciendo que los comunicadores y periodistas no puedan emitir su opinión, claro que pueden y, es más, qué sano que lo hagan, pero es muy diferente eso a utilizar la plataforma para disfrazar fobias de sospechosísmos. De por sí la dieta mediática de la población está baja en calorías de investigación y rigor periodístico como para venir a Twitter a postear fritanga y chatarra barata.

¿Qué motiva a personas a escupir en las redes lo primero que se les viene a la mente en relación a un suceso político o de trascendencia nacional, así, sin filtro, sin un proceso de reflexión previo? Nadie sabe, pero igual y esos escupitajos irracionales se deberían de combatir selectivamente (si es que alguien tiene la paciencia para hacerlo), y no andar elevando a rango de discusión nacional tuits que en buena parte responden a agendas mañosas.