El México que queremos cabe en un empaque de chicles

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La marca de chicles Trident acudió al llamado del presidente de México para ir al rescate de las buenas noticias. A través de una campaña publicitaria (o como ellos lo denominan, un movimiento) pusieron su granito de arena para motivar a hablar de nuestro país un poquitito mejor.


Unos días después del terremoto de 8.2 grados que devastó a varias comunidades de los estados de Chiapas y Oaxaca, el presidente de México realizó una nueva visita a la zona del Istmo de Tehuantepec. En Santa María Xadani, Oaxaca, Enrique Peña Nieto se subió a la parte trasera de una pick-up, tomó el micrófono y se dirigió al público que se reunió en la plaza principal. 

«Yo le quiero pedir de forma respetuosa a los medios de comunicación [que] se incorporen a esta labor de solidaridad. De sembrar mayor solidaridad, mayor conciencia de los daños y afectaciones que hay en estas dos entidades. Y más que volvernos señaladores o críticos de lo que falta, seamos parte todos de la solución. Estamos llamados todos a responder». 


No estoy seguro, pero es probable que Peña Nieto mascaba un Trident mientras aleccionaba a los medios. 

La marca de chicles lanzó la campaña publicitaria #MXEnBocaDeTodos en julio, bajo la siguiente dinámica: «Con el fin de resaltar lo mejor que México tiene para ofrecer al mundo y a los propios mexicanos, Trident invita al público a participar con miles de fotografías que reflejen el lado positivo de nuestro país a través del movimiento Disfruta poniendo a México en Boca de Todos». Las mejores fotografías serían utilizadas como portada de los empaques de los chicles. 

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Y qué mejor manera de demostrar la unión de los mexicanos que pagándole a las tres principales cadenas de la televisión nacional para contagiarnos de esta buena vibra positiva. Televisa, TV Azteca y Grupo Imagen prestaron parte de su talento (es decir, tres conductores de los programas mañaneros de revista que compiten entre sí por el rating) para aparecer en un comercial de más de un minuto que se transmitió unos días antes del Día de la Independencia. 

«Sabemos que a veces las malas noticias nos abruman, pero también sabemos que hay muchas más razones para sonreír», dice Tania Rincón, de TV Azteca. «Todos los días encontramos imágenes en cada rincón de México que nos motivan a hablar de nuestro país un poquitito mejor. Y estos empaques son una excelente forma de recordarlo», sugiere Jorge Van Rankin, de Televisa. Carlos Arenas, de Grupo Imagen, no puede contener la emoción y declama: «Me siento muy orgulloso de ser parte de este movimiento que nos hará brillar más allá de cualquier frontera». Antes de rematar con un ¡Viva México! al unísono, Rincón le pide a la audiencia que recuerden algo: «hay más motivos para enorgullecernos que para desilusionarnos». 

No sólo eso. Como si se tratara del acontecimiento mediático del año, por unos breves segundos se enlazaron los programas mañaneros de las tres cadenas de televisión a través de Hoy (Televisa), Venga la Alegría (TV Azteca) y Sale el Sol (Grupo Imagen). Por si no fuera suficientemente tedioso verlos por separado, la pantalla se dividió en tres para poder ver a sus elencos al mismo tiempo. Arropados por el patriotismo y la publicidad, trataron de demostrar que un México unido es un mejor México... y si de paso se masca Trident, 👌. 

Varias cosas resaltan de este mal llamado movimiento. De entrada, la descarada y desbordada imaginación del equipo de creativos de quién-sabe-qué-agencia que supo vender este pitch no sólo a Trident, sino a las tres cadenas de televisión. Haz patria, masca un Trident. Esta noción de la unidad nacional evidentemente no es exclusiva de marcas que aprovechan el mes de septiembre para activar el orgullo mexicano en el consumidor. Se trata de un recurso utilizado por servidores públicos y políticos para calmar los ánimos, o dicho de otra manera: calmar la crítica. Mediante frases como «más allá de las diferencias» o «independientemente del color del partido», se llama a la unidad para, básicamente, poner a México en la misma sintonía. El hashtag y los copys patriótico–publicitarios de la campaña de Trident son tan sólo un síntoma del oportunismo de la publicidad para poner a México en boca de todos

Lo que hizo Trident con esta campaña fue, en esencia, hacerle caso al llamado que hizo Peña Nieto en 2016 cuando pidió que se rescataran las buenas noticias. «Hay que rescatarlas, porque hay muy buenas noticias», dijo el presidente, en sintonía con el eslogan de uno de los Informes de Gobierno: Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho y que este año evolucionó a Lo bueno cuenta y queremos que siga contando

«A aveces nos quedamos muy marcados con las malas noticias que parecen fueran comunes o fueran las que a veces más se destacaran, y se olvidan y se dejan de lado las buenas noticias que mucho cuentan, que impactan positivamente en la vida y en la vida cotidiana de las familias mexicanas. Hay que rescatarlas, porque hay muy buenas noticias», dijo Peña Nieto en 2016.

Alguien sí hizo la tarea. El Debate de Culiacán poniendo el ejemplo de cómo cubrir al presidente: hay que ver lo positivo, siempre. Obviamente tomando información de El Universal, con las titulares, fotografías e intros más favorecedoras 👍. Aquí no encontrarán ni un cuestionamiento al mensaje aleccionador de Peña Nieto hacia los medios.


Efecto positivo, efecto positivo. #OrgulloMx | Ximena Sariñana, otra embajadora de marca. 


Claro, uno de los objetivos de cualquier gobierno es difundir lo bueno sobre lo malo, y Peña Nieto no fue el primer presidente en criticar lo que se publica en los medios de comunicación. Felipe Calderón alguna vez lanzó una propuesta de un periódico, con concepto y nombre: Balance, un periódico en donde «en la primera plana vengan de un lado las buenas (notas) y del otro lado las malas, y en medio las regulares, las neutras». Vicente Fox se refirió a la «sarta de babosadas» que se publicaban todos los días en las planas de los periódicos durante su sexenio. 

Calderón incluso se aventuró a hacer un análisis cuasi psicológico y económico de los efectos que provocan las malas noticias. «A fuerza de puras malas, malas, malas, malas, malas, malas, también estamos haciendo un efecto de demolición del ánimo nacional y entonces eso afecta a la gente, a la economía». Ese efecto demoledor no le conviene a la imagen del gobierno, tampoco al mercado. Para ello existen los grandes distractores: la televisión nacional, la Selección Mexicana de futbol y las campañas publicitarias positivas que apelan al buen corazón del mexicano para tocarle las fibras al consumidor, ya sea mediante campañas sentimentales (toda la publicidad en torno al Día de las Madres) o patrióticas (este es mi país y esta es mi gente, gente buena que trabaja, sueña, alcanza y mira de frente). 

Un aplauso a Trident por tratar de motivarnos a hablar, como dice uno de sus voceros, Jorge “El Burro” Van Rankin, aunque sea «un poquitito mejor» de nuestro país, a través de fotos instagrameables de los paisajes naturales y el folclor de México.