Cuando hasta el peatón pide puentes

«¿Por qué no usan el puente? ¡Por eso los atropellan!»

Es lo que comúnmente se piensa cuando alguien cruza corriendo por Juárez (o cualquier otra avenida). El puente peatonal está justo ahí, en la esquina, construido especialmente para su seguridad, para que no los atropellen... O eso nos han hecho creer: cuando en el periódico se reporta un atropello, nunca falta la foto que sataniza al peatón que está a punto de cruzar la calle junto a un puente; cuando no lo hay, no faltan los comentarios de personas que piden la construcción de uno. 

Todxs somos peatones en algún momento del día y según el reglamento de tránsito homologado en el Área Metropolitana de Monterrey, tenemos la prioridad cuando caminamos en el espacio público. Sin embargo, el diseño de la ciudad no lo refleja.

Es común encontrarse con banquetas angostas, destruidas, inexistentes u obstruidas; con semáforos que obligan a correr para alcanzar el verde; y con datos alarmantes que indican que los accidentes viales matan a más de 80 peatones cada año y dejan heridos a más de 2 mil; sumado a una cultura en donde los autos aceleran en vez de detenerse para dar el paso al peatón y los peatones cruzan corriendo avenidas en donde los autos van a 120 kilómetros por hora.

Es claro que la ciudad necesita soluciones peatonales, pero, contrario a lo que creemos, los puentes no forman parte de ellas. Es necesario demolerlos y cambiarlos por cruces al nivel de la calle, con reductores de velocidad, señales de alto o semáforos en cada avenida. En Monterrey se ha privilegiado la movilidad de autos por encima de la habitabilidad. Si queremos una ciudad de escala humana, segura para las personas, debemos apostar por un cambio en el diseño de nuestras calles.

Hay algunas avenidas que no deberían de existir con esas condiciones dentro de la ciudad: vías primarias de flujo continuo como Constitución, Morones o Revolución. De acuerdo al Manual de Calles publicado por la SEDATU, no son recomendadas en zonas urbanas pues se convierten en barreras que dividen la ciudad, permiten altas velocidades que aumentan al 95% la probabilidad de morir en un hecho de tránsito y comúnmente incluyen infraestructura como los puentes peatonales que permiten a los autos circular sin detenerse. Basta intentar cruzar, caminando o en auto, Venustiano o Gonzalitos a la altura de Constitución para comprobarlo. La lista de ejemplos es inagotable. 

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Comúnmente, estos puentes ni siquiera responden a las necesidades de movilidad de las personas, sino a las prioridades de las compañías de publicidad que no tardan en aprovechar cada metro cuadrado para colocar anuncios. Esto lo justifican los gobiernos con el argumento de estar aumentando la infraestructura peatonal sin inversión pública. Prueba de ello son aquellos ubicados en calles con semáforos y cruces peatonales como Juárez, en el centro de Monterrey, o la avenida del mismo nombre en Guadalupe.

Es infraestructura excluyente pues no pueden ser usados por personas con movilidad reducida. La mayoría tienen escalones y los de rampas no tienen las pendientes adecuadas. Tanto la estructura que los sostiene como el espacio destinado a subirlos, obstruyen gran parte del escaso espacio de banqueta en el que usualmente se encuentran. Además, obligan a quienes los usan a aumentar varias veces la distancia que tienen que recorrer para cruzar.

La idea de los puentes como solución peatonal está tan arraigada, que en esta ciudad hasta los peatones los piden. Necesitamos imaginar una ciudad en donde la prioridad que ya se nos otorga a las y los peatones por escrito, se vuelva realidad en las calles. De alguna manera los puentes, mal ubicados o no, evidencian una necesidad clara: en donde se encuentran, los autos van demasiado rápido. Tanto, que cruzar se vuelve mortal para las personas que van caminando.


Texto originalmente publicado en Vertebrales.